Niños dominicanos tienen la oportunidad de salir de las calles

Por Sara A. Fajardo

En la República Dominicana existen alrededor de 436.000 niños trabajadores. Al interrumpir los estudios y dedicarse al trabajo, su desarrollo cultural e intelectual se ve seriamente afectado. Su infancia es violentada por una responsabilidad para la cual aún no están preparados. Las relaciones sociales, la salud y toda su vida integral sufren por esta razón. Los niños, niñas y adolescentes empiezan a formar parte de grupos segregados, expuestos al engaño, abusos, las drogas, al VIH, el estigma y la discriminación; y, por ello, empiezan a ser percibidos como una amenaza. Ante los ojos de los adultos son un problema, no las víctimas y consecuencia de una realidad de injusticia y pobreza.

Eric Gómez, licenciada en educación con un postgrado en supervisión de programas educativos e intervención comunitaria.

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Un muchacho reza antes del desayuno en Acción Callejera, una organización en Santiago, República Dominicana, dedicada a ayudar a los niños trabajadores y darles un nuevo propósito para sus vidas. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

Ella trabaja para CRS que junto con otras cinco instituciones locales que manejan el tema de niños, niñas y adolescentes en riesgo, que incluye los que viven en la calle, los sometidos a trabajo infantil, explotación sexual así como a los que están en riesgo de abandonar la escuela, han formado el Consorcio NINA, con el respaldo de USAID, para trabajar en procesos que lleven a garantizar los derechos y la protección integral de niños, niñas y adolescentes en la República Dominicana.

El Consorcio NINA trabaja con más de 3.300 niños vulnerables en comunidades de todo el país y está integrado por Acción Callejera en Santiago, Caminante Proyecto Educativo en Boca Chica, Yo también, de pastoral Juvenil, Quédate con nosotros y Niños del camino.

Sara A. Fajardo:
¿Nos puede describir el problema del trabajo infantil y cómo impacta en los jóvenes en la República Dominicana?
Eric Gómez:
En la calle los niños trabajadores ven un resultado rápido. Salen a limpiar botas e inmediatamente tienen dinero. Si se dedican a estudiar los resultados son intangibles y por supuesto a largo plazo.El trabajo consume el tiempo de la escuela; y los que aún siguen asistiendo a ella llegan muy cansados a clase, se duermen, su salud se afecta y les resulta difícil o imposible crear hábitos de estudio, por lo tanto no pueden cumplir con las demanda de atención y realización de tareas requeridas para avanzar en los estudios.

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Un muchacho reza antes del desayuno en Acción Callejera, una organización en Santiago, República Dominicana, dedicada a ayudar a los niños trabajadores y darles un nuevo propósito para sus vidas. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

El resultado de este espiral es que comienzan con bajo rendimiento académico, repiten cursos y se van quedando atrás en niveles que no corresponden a su edad. Esta situación va lastimando su autoestima, acumulando frustraciones y derrotas en los estudios, en el contexto de un sistema educativo con limitaciones y familias sin las herramientas económicas y educativas necesarias para protegerlos.

Fajardo:
¿Qué impacto tiene en el futuro de estos niños dejar la educación de lado y enfocarse en el trabajo?
Gómez:
El impacto es que se perpetúa el círculo de pobreza. Cuando los niños, niñas y adolescentes sustituyen el trabajo por la escuela pierden la oportunidad de desarrollar herramientas que les califiquen para un trabajo digno y justo. Para algunas familias el trabajo es un método de crianza, están convencidas que el trabajo ayuda a los niños a ser responsables, las familias no se dan cuenta que esto compite con la posibilidad de desarrollo social y cultural de sus hijos. Es evidente que niños, niñas y adolescentes vulnerables viven en una familia vulnerable con carencias económicas, culturales y afectivas. Es aquí donde se hacen notorias las ausencias de políticas públicas de protección y garantía de derechos de todos los ciudadanos.La calle es un lugar de riesgo para los niños y niñas, les expone a una serie de dificultades como la violencia y el abuso físico, sexual, laboral y emocional. Estos factores van lastimando la pureza e ingenuidad de los niños y niñas. Ciertamente la calle y el trabajo les da poder, dinero, independencia y eso compite con la escuela.
Fajardo:
¿El niño trabajador se da cuenta de que está perdiendo estas oportunidades?
Gómez:
Nosotros realizamos una investigación y dentro de los hallazgos descubrimos que los niños tienen una visión dicotómica del futuro.Cuando se les preguntó sobre su percepción de sí mismos en el futuro respondieron que quieren ser médicos, ingenieros, maestros, abogados, arquitectos.

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Aunque algunos niños siguen trabajando, el programa tiene la meta de reintregralos en la escuela. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

Estas aspiraciones tienen una oportunidad muy remota de concretarse por la situación de vulnerabilidad y desventaja en la que se encuentran, no cuentan con las personas adultas que se responsabilicen de su cuidado y protección, sino que ellos mismos, en situación de extrema precariedad, asumen estas responsabilidades. En su proyección de trabajo futuro se ven trabajando en diversas categorías pero no en puestos profesionales concretos.

Fajardo:
En este escenario, ¿cómo se maneja el proceso de rehabilitar al niño para que retome su niñez y vuelva a estudiar?
Gómez:
El proceso de adaptación es difícil para el niño porque en base a toda la situación que todos ellos han vivido en sus familias y en la calle, han perdido la confianza en los demás.El primer paso es reconstruir esa confianza. Cuando el niño confía en que lo van a querer, proteger, que no lo van a engañar, comienza a abrirse. Cuando empieza a experimentar pequeños éxitos, va superando la actitud de desconfianza y se vuelve más receptivo hacia el aprendizaje en general.En paralelo se trabaja con la familia para que los padres entiendan que los niños tienen derechos a ser protegidos y que les necesitan. Tomamos en cuenta que ese niño vulnerable viene de una familia vulnerable, es una situación sistémica, porque a lo mejor esa madre o ese padre no han recibido toda la información necesaria para cuidar a su hijo y necesitan el apoyo necesario para hacerlo mejor.No podemos olvidarnos de la situación económica que hace que la familia viva situaciones adversas, falta el dinero para pagar medicamentos, el transporte público o simplemente para cubrir las necesidades básicas de alimentación. La situación de pobreza y precariedad en una familia es una forma de violencia.Lo primero que debe hacerse cuando un niño es abordado por el Consorcio NINA no es la reintegración familiar, sino sanar sus heridas emocionales, sociales y físicas. Cuando ambos están listos, o sea, la familia y el niño, se crean actividades para que vayan acercándose mediante nuevas herramientas de comunicación, expresión de afectos para facilitar una integración con respeto mutuo.

Regularmente los niños, niñas y adolescentes están listos para entrar a este proceso antes que su familia. Existen casos en los que la familia nunca está lista o dispuesta a recibir nuevamente a su hijo, es triste, entonces se tratan de buscar familias sustitutas.

Fajardo:
¿Por qué hace este tipo de trabajo?
Gómez:
Aunque hablamos de estadísticas globales, cada niño, niña o adolescente es único y amerita una atención particular.Para mí en este trabajo 2+2 no son 4 puede ser cualquier otra cosa, pero siempre apuesto a una suma elevada y esta suma es la esperanza. Preferimos focalizarnos y darnos la oportunidad de descubrir en el potencial de cada niño, niña o adolescente lo que verdaderamente es una persona con derechos e ideas propias, alguien con una visión del mundo. El trabajo del Consorcio NINA tiene como desafío ayudar a cada niño, niña o adolescente y recuperar estos sueños y su sentido de esperanza.Todos los niños nos impactan, nos dicen que hay esperanza, que hay vida. Los niños llegan hasta nuestros socios siendo agresivos, interrumpen cualquier actividad, no saludan, tratan de llamar la atención en forma constante; pero con el pasar del tiempo comienzan a saludar, se preocupan por estar limpios, se disculpan cuando es necesario, toman interés en sus tareas. Ser testigo de este proceso es algo hermoso y le da sentido a nuestra razón de ser.

Sara Fajardo es la asociada de comunicaciones de la región de América Latina y el Caribe para Catholic Relief Services, su oficina está en la sede mundial en Baltimore, Maryland.