El sistema de salud de Venezuela se derrumba y genera migración

El sistema de salud de Venezuela se derrumba y genera migración

 Durante casi tres semanas, Miguel* ha esperado pacientemente por una cirugía en un hospital público de Cúcuta, Colombia. Llegó desnutrido y débil en busca de la atención médica que necesitaba para salvar su vida, y que no lograba encontrar en Venezuela. Su cuerpo y cara reflejan dolor, pero también el alivio de encontrarse en un lugar seguro.

Miguel es uno de los millones de personas que huyeron de Venezuela, debido a la crisis económica y social que golpea al país desde el 2015. La caída drástica del precio del petróleo, su principal exportación, llevó a una disminución progresiva de la capacidad de producción local, lo que provocó escasez de alimentos e hiperinflación, el colapso del sistema de salud y conflicto social.

Jóvenes venezolanos, que no tienen acceso a refugios para migrantes, acampan en las calles y áreas verdes de la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia. Foto de Nicolo Filippo Rosso para CRS

Hace seis años, sufrió graves quemaduras en un accidente. Desde entonces ha luchado por encontrar la atención médica adecuada. La primera vez que fue hospitalizado contrajo dos infecciones bacterianas, debido a las precarias condiciones del centro de salud donde lo atendieron.   

“En Venezuela, ni siquiera había un médico infectólogo, ni siquiera sabían qué tenía, explica su hermano Óscar, quien ha acompañado a Miguel durante su travesía. “Cuando lo llevamos a lugares para que lo asistieran, lo que nos decían era que había que amputarle los brazos para poderle salvar la vida”.

Miguel intentó recuperarse en la casa de su madre y recobró la energía suficiente para comenzar a trabajar de nuevo. Él solía dedicarse a reparar teléfonos celulares, pero las lesiones en sus manos convirtieron su trabajo en un desafío. Por eso aprendió a usar sus pies.

Poco a poco, desarrolló una nueva infección y anemia por desnutrición. Severamente desnutrido, Miguel no podía levantarse de la cama. Fue entonces cuando su familia tomó la decisión de irse a Colombia. Desde el 2017, el venezolano promedio ha perdido 11 kilos y hasta el 87% de la población del país ha sido empujada a vivir por debajo del umbral de la pobreza.

Al igual que muchas familias venezolanas, la de Miguel se vio obligada a migrar en busca de atención médica vital. Según la Organización Mundial de la Salud, el sistema de salud de Venezuela se ha reducido en un 85% y las enfermedades infecciosas como el sarampión, la difteria y la malaria están en aumento. De hecho, el colapso de los servicios de salud es uno de los principales factores que genera la migración venezolana en la actualidad.

Migrantes caminando su largo viaje desde Venezuela a Colombia. A partir de ahí, muchos continuarán a pie hasta Perú, Chile y Brasil en busca de una nueva vida. Foto de Nicolo Filippo Rosso para CRS

“Duramos mucho tiempo en sacarlo, porque era difícil la situación en la que él se encontraba. Allá, incluso, nos vendieron la sangre para poderle poner la hemoglobina a un nivel aceptable para que él pudiera levantarse de la cama”, dice Óscar.

Un amigo cercano ayudó a transportar a Miguel y a su familia a una ciudad próxima a la frontera colombiana. Recorrieron el resto del camino a pie. Cuando llegaron, Miguel apenas podía caminar para cruzar el puente Simón Bolívar hacia Colombia con ayuda de su madre y su hermano. Al ver su crítica condición, los agentes colombianos de inmigración lo llevaron en ambulancia al hospital más cercano.

Los médicos voluntarios de la Casa de Paso Divina Providencia, un albergue administrado por la Diócesis de Cúcuta, dicen que la mayoría de los migrantes sufren de desnutrición. Las enfermedades crónicas no tratadas como la presión arterial alta, la diabetes y el hipotiroidismo también son comunes entre ellos.

Durante su tiempo en Colombia, Miguel ha logrado superar la infección y está recibiendo la alimentación y atención que necesita. Los médicos han diagnosticado que, con varias cirugías, también recuperará la movilidad de sus manos.

“Creímos en Dios y aquí le dijeron a mi mamá que a su hijo se le podían salvar sus manos. No tiene ningún problema, no se las van a amputar”, indica Óscar.

Catholic Relief Services (CRS) y Cáritas Venezuela están brindando servicios de salud a las personas más necesitadas, a través de 14 diócesis en Caracas y 10 estados. En mayo, ambas organizaciones pusieron en marcha en la capital del país el uso de cupones electrónicos como medio para facilitar a las familias vulnerables el acceso a alimentos. Actualmente, se está expandiendo la atención en múltiples áreas a un estimado de 1,700 familias, que participan en el programa de rehabilitación nutricional de Cáritas Venezuela. Durante los próximos 12 meses, CRS y Cáritas planean ampliar el programa para beneficiar a 12,000 familias más.

Con nuestros socios en toda la región, CRS también ayuda a las familias venezolanas que han huido a Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y Trinidad &Tobago. En toda América Latina, CRS apoya a sus socios locales, incluida la Misión Scalabriniana y Living Water Community, a brindar servicios de salud, alimentos, vivienda, protección, agua y saneamiento, y dinero en efectivo a más de 43,000 venezolanos afectados por la crisis humanitaria.

*Los nombres se han cambiado para proteger la privacidad.  

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