Con buena nutrición mejora la educación en Honduras

Con buena nutrición mejora la educación en Honduras

Muchas generaciones de niños han aprendido a leer con la maestra Elda Elizabeth Sánchez en el Centro de Educación Básica “La Esperanza”, localizado en Intibucá, Honduras, donde esta mujer ha sentado las bases del futuro de muchos alumnos de primer grado.

El día arranca con una oración. Los niños recogen sus materiales de estudio y los guardan en cajitas con sus nombres. Luego empieza lo bueno. “Profe Elda”, como le llaman los estudiantes, escribe sílabas y oraciones cortas en la pizarra.  El aula se inunda con voces que se cultivan con conocimiento y para Elda esto es música para sus oídos.

El que sus “segundos hijos” dominen las letras es la pasión que mueve la vida de esta maestra, quien además sabe que esas voces se han hecho más fuertes en los últimos años, gracias a los alimentos que reciben los alumnos del Programa Internacional Alimentos para la Educación y Nutrición Infantil, McGovern-Dole (MGD).

La maestra Elda tiene 17 alumnos en el aula donde imparte las materias de: Español, Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Educación física, Artística, Educación Cívica e Inglés. Foto por Oscar Leiva/Silverlight para CRS.

“Si un niño viene feliz, va a querer aprender, mientras que, si está con hambre, eso no lo deja estar concentrado”, afirma Elda, quien lleva 20 años enseñando a los niños que viven en una zona agrícola, donde los fenómenos climáticos extremos se han convertido en un reto constante para cosechar alimentos.

“Si un niño viene feliz, va a querer aprender, mientras que, si está con hambre, eso no lo deja estar concentrado”, afirma Elda Elizabeth Sánchez, maestra en una escuela de niños en Intibucá, Honduras.

La mayoría de estos estudiantes provienen de una comunidad donde el hambre y la pobreza aleja a los niños de las aulas.  Según cifras oficiales, en Intibucá, el 48% de los estudiantes padecen desnutrición crónica y más de 44 mil abandonaron sus estudios siendo la pobreza la principal causa de deserción.

Afortunadamente, en los últimos nueve años, Elda ha visto mejorar la situación en las escuelas pues, desde 2013, son apoyados por este Programa que ejecuta Catholic Relief Services (CRS) con apoyo del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y sus socios locales en Intibucá y Santa Rosa de Copán.

La profesora Elda supervisa a sus alumnos a la hora de la merienda. Foto por Oscar Leiva/Silverlight para CRS.

El programa McGovernDole busca reducir el hambre y mejorar la alfabetización y la educación primaria, a través de la alimentación escolar, la capacitación de maestros y el mejoramiento de la infraestructura de las escuelas públicas.

“Aquí hay familias grandes, de seis o siete hijos. Entonces no es suficiente el ingreso que sus padres tienen. Llegan a una edad donde dejan de estudiar – niños con muy buenos índices, muy capaces de poder seguir estudiando -, porque la condición económica no se los permite y lo que a ellos les toca es trabajar para poder sostenerse”, indica Elda al describir el problema que aleja a los niños de la escuela.

No hay duda de que contar con alimentación escolar retiene más a los niños en las aulas y prueba de ello es que cuando los alimentos llegan, la escuela cubre el 100% de su cupo de matrícula.  La relación entre buena alimentación y asistencia a clases es tan estrecha, que el comedor de la escuela pasó a ser un aula más para poder educar a más niños.

“Antes tenía niños que yo los veía como más apagados, más tristes. Unos traían más comida que otros. Antes me decían ´no profe, no traje comida hoy´, tal vez porque no había o, tal vez, porque los padres se fueron a trabajar y el tiempo no les dio. Hay tantas situaciones… Ahora todos los niños comen parejo. Todos toman leche. No se queda uno sin tomar. Si van a almorzar todos almuerzan”, sostiene Elda, quien afirma a su vez el notable cambio en los pequeños cuando están bien alimentados.

Alumnos del primer grado junto a la Profesora Elda del Centro Educativo “La Esperanza”. Foto por Oscar Leiva/Silverlight para CRS.

“El ánimo de ellos ha cambiado, ya juegan más, ya ponen más atención.  Ya no los miramos como si tuvieran sueño, o ya no nos dicen ´profe, tenemos hambre´. La mayoría de los niños tiene desnutrición, están bajos de crecimiento. Cuando el programa viene, ellos ya empiezan a agarrar un poquito más de cuerpo. Están más gorditos”, indica esta dedicada maestra, que trabaja en la escuela desde la 6:00 a.m. hasta las 4:00 p.m.

Al final de la larga jornada escolar, la “Profe Elda” inicia el largo camino de una hora para llegar a su casa. Aunque cansada, durante el viaje va contenta pues sabe que sus alumnos ya no regresarán con hambre, sino que habrán de descansar felices en sus hogares porque cuentan con una escuela donde comen bien para aprender mejor.

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