Baños ecológicos en Bolivia

La primera vez que Miguel Ballon visitó los altiplanos de La Paz, la capital de Bolivia, se sorprendió con la amplitud, las montañas cubiertas de nieve en la distancia, y la falta de agua.

Residentes de Chahuira Pampa, una comunidad ubicada en los altiplanos de Bolivia, construyen baños ecológicos para la escuela de la comunidad. Como no utilizan agua y capturan los desperdicios en un contenedor, los baños ecológicos no contaminan el suelo, evitando la propagación de enfermedades.

Residentes de Chahuira Pampa, una comunidad ubicada en los altiplanos de Bolivia, construyen baños ecológicos para la escuela de la comunidad. Como no utilizan agua y capturan los desperdicios en un contenedor, los baños ecológicos no contaminan el suelo, evitando la propagación de enfermedades. Foto de Óscar Leiva para CRS

Miguel vive a unos 200 kilómetros (125 millas) de distancia en el entorno selvático de las tierras bajas bolivianas, que aún se consideran parte del departamento de La Paz. El espacio aquí es escaso y caro. Las montañas son verdes y una parte importante de la vida cotidiana. El agua es abundante.

Realmente disfrutamos del agua aquí,” comentó Miguel, señalando a una niña que se lava las manos bajo un grifo. “Allá arriba, las personas se lavan las manos con gotas de agua.”

Su visita a los altiplanos le abrió los ojos a una realidad distinta en torno a la manera que Catholic Relief Services (CRS) trabaja para hacer frente al mayor problema relacionado con el agua tanto en los altiplanos como en las tierras bajas bolivianas: el saneamiento. CRS y nuestros socios locales están construyendo baños ecológicos, instalando bombas para agua potable y promoviendo prácticas de higiene.

Este enfoque afecta a las personas que viven en extremos opuestos del espectro. En los altiplanos, las letrinas ayudan a las comunidades sin acceso al agua a eliminar los residuos de manera higiénica para prevenir las enfermedades. En la selva, las letrinas ecológicas ofrecen una manera segura para el manejo de desechos y evitar la contaminación de fuentes de agua, lo que puede conducir a las enfermedades.

No es una idea fácil de vender

Las letrinas utilizadas comúnmente en Bolivia consisten de un pozo en el suelo con paredes para brindar privacidad. Las letrinas ecológicas, por otro lado, tienen un conjunto diferente de requisitos, comenzando desde su construcción. Están hechas de ladrillo y construidas sobre el nivel del suelo en dos niveles. La planta baja sirve como una bóveda con una cubeta en la cual se acumula el desperdicio del nivel superior.

A pesar de que hay mucha agua en las tierras bajas de Bolivia, el los desechos y la basura contaminan el agua, propagando enfermedades.

A pesar de que hay mucha agua en las tierras bajas de Bolivia, el los desechos y la basura contaminan el agua, propagando enfermedades. Foto de Óscar Leiva para CRS

Junto a ese nivel superior, al lado del asiento en el suelo, se encuentra un recipiente con cenizas de la basura quemada de la comunidad. Después de cada uso, el usuario lanza cenizas en la letrina para neutralizar los olores. Con el tiempo, los residuos se mezclan con las cenizas y se convierten en abono que los residentes pueden aplicar a sus jardines.

Al principio no era una idea fácil de vender,” dijo Marcelino Limachi, quien trabaja con Cáritas El Alto, un socio de CRS, para promover el proyecto en los altiplanos. “Fueron necesarias muchas conversaciones sobre por qué la construcción y el uso de las letrinas es conveniente a largo plazo. Seguimos teniendo esas conversaciones.”

Las letrinas ecológicas no requieren agua para su funcionamiento, pero aún más importante, evitan que el suelo sea contaminado por los desechos humanos, un medio eficaz para prevenir las enfermedades.

Dado que el agua es escasa en los altiplanos, los residentes que participan en el programa están de acuerdo en pagar una pequeña cuota por el agua que utilizan para beber y lavar. Como resultado, la comunidad está invirtiendo no sólo tiempo y trabajo, sino que también dinero en este esfuerzo.

La cuota crea un sentido de responsabilidad,” comentó Alex Martínez, un ingeniero de CRS que administra el proyecto en los altiplanos. También proporciona una fuente de financiamiento para el mantenimiento o ampliación de las letrinas y tanques.

Los niños harán que funcione

Limachi está en frente de un salón de clases de cuarto grado sosteniendo un cuaderno grande y colorido, mostrando a los niños en los altiplanos utilizando las letrinas, recolectando la basura y lavándose las manos. Él explica a los alumnos, alternando entre el español y el Aymará—una lengua indígena que muchos niños hablan en casa—cómo se propagan las enfermedades.

Porque el agua es escasa en los altiplanos bolivianos donde vive Fanny Layme, de 9 años, ella y otros estudiantes de la escuela en Chauira Pampa aprenden a lavarse sus manos sin desperdiciar agua.

Porque el agua es escasa en los altiplanos bolivianos donde vive Fanny Layme, de 9 años, ella y otros estudiantes de la escuela en Chauira Pampa aprenden a lavarse sus manos sin desperdiciar agua. Foto de Óscar Leiva para CRS

Para demostrar el correcto lavado de manos, utiliza un envase grande de refresco lleno de agua. La tapa tiene un pequeño orificio, de tal manera que cuando es invertido, fluye una pequeña corriente de agua. Un asistente del maestro sostiene el recipiente mientras Fanny Layme, de 9 años, se lava las manos en una cubeta azul siguiendo las instrucciones de Limachi: restregar cada dedo.

No olvides debajo de las uñas,” exclama un compañero de clase.

Los envases de refresco no son sólo una manera portátil de llevar la demostración de lavado de manos al aula. Además sirven como grifos afuera de las letrinas ecológicas en los altiplanos.

Estamos tratando de hacer que el lavado de manos se convierta en hábito. Se necesitan muchas repeticiones. Los adultos tienden a ser escépticos, pero los niños son más abiertos a aprender,” dice Limachi.

El proyecto, financiado por CRS y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, o AECID, no toma a la ligera la educación de los niños, explicó Martínez. “Al final del día,” dijo, “confiamos en que los niños son los que harán que [el proyecto] funcione.”

A kilómetros de distancia, en las tierras bajas, una niña llega a casa de la escuela, abre un grifo en el patio y se moja las manos, rápidamente cerrando el grifo, mientras se lava con jabón.

Su uniforme, una bata blanca, la hace ver como una pequeña doctora. “La maestra dice que es necesario que nos lavemos las manos por lo menos tres veces al día,” dice Neisa Challco, de 8 años. Después abre el grifo y se enjuaga.

“No podemos desperdiciar el agua,” explica mientras cierra el grifo. “Hay niños que no tienen agua. Si la desperdiciamos, todos nos quedamos sin agua.”

La preservación del agua

En las tierras bajas de Bolivia, donde el agua es abundante, Neisa Challco, de 8 años, se lava las manos debajo de un grifo que trae agua desde un sistema de agua construido con apoyo de un proyecto de CRS.

En las tierras bajas de Bolivia, donde el agua es abundante, Neisa Challco, de 8 años, se lava las manos debajo de un grifo que trae agua desde un sistema de agua construido con apoyo de un proyecto de CRS. Foto de Óscar Leiva para CRS

Dejar abierto el grifo no es la única forma de desperdiciar el agua, añade Miguel, quien ayuda a sus vecinos, la familia Challco, a construir una letrina afuera de su pequeña vivienda.

La quema de tierras, la tala de árboles—todas esas cosas que hacemos secan el agua,” dice él.

La fuente de agua más cercana se encuentra a una caminata de dos horas cuesta arriba a una cascada. “Después de un año de construcción, un sistema de agua ahora sirve a 95 familias residentes”, dijo María de los Ángeles Lara, ingeniero que administra el proyecto de CRS en las tierras bajas.

Miguel forma parte del Comité de Agua Potable y Saneamiento, o CAPYS, en esta comunidad. Con la orientación de CRS y nuestros socios, los miembros de CAPYS—residentes de la comunidad donde un proyecto fue implementado—supervisan la construcción y mantenimiento de letrinas, la eliminación de residuos y tanques de agua. Se reúnen regularmente para hablar acerca de los recursos hídricos, planear talleres sobre higiene y mantenerse al día con las finanzas.

El viaje de Miguel a los altiplanos fue una iniciativa creativa de CRS para poner dentro de una perspectiva nacional la falta de acceso a agua potable en comunidades rurales en Bolivia, lo cual provoca alta morbilidad infantil.

Todo [en los altiplanos] era muy diferente de aquí,” dijo Miguel. “No tienen mucha agua ahí. Eso es lo que le digo a la gente aquí: Nosotros tenemos agua y debemos cuidarla.”

Más información sobre el Día mundial del agua aquí y para historias sobre nuestros hermanos y hermanas que se benefician de estos programas haz clic aquí.

Escrito por Alsy Acevedo. Alsy es la asociada de comunicaciones de la región de América Latina y el Caribe para Catholic Relief Services. Su oficina está en la sede mundial en Baltimore, Maryland.

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