Una familia de ocho miembros se protege debajo de un mosquitero

Por Lane Hartill

Hawa, una madre de siete hijos, perdió a su primera hija a causa de la malaria. Ahora, gracias a la distribución de mosquiteros tratados con insecticida en su pueblo de Sabonkafi, Níger, en abril de 2009, la mujer y sus niños duermen debajo del mosquitero todas las noches. Desde entonces, ninguno de sus hijos se ha enfermado de malaria.

Han pasado más de ocho años, pero incluso ahora, rodeada de sus siete hijos, Hawa todavía piensa en María.

Hawa perdió a su primera hija a causa de la malaria, pero desde que CRS empezó a repartir mosquiteros con insecticidas en su aldea ella y sus hijos duermen bajo él todas las noches y ninguno de sus hijos ha tenido malaria. Foto de Lane Hartill/CRS

Hawa perdió a su primera hija a causa de la malaria, pero desde que CRS empezó a repartir mosquiteros con insecticidas en su aldea ella y sus hijos duermen bajo él todas las noches y ninguno de sus hijos ha tenido malaria. Foto de Lane Hartill/CRS

María fue su primera hija, la tuvo cuando apenas era una adolescente. En sus primeros meses de maternidad, Hawa ataba a María a su espalda en la noche cuando el calor del día se había desvanecido y caminaba hacia la aldea para sentarse con otras madres y disfrutar del aire fresco. Se quedaban hasta tarde —a veces hasta las 11 de la noche— conversando acerca de los niños, la agricultura y la vida.

Sin embargo, a los cuatro meses, María comenzó a bajar de peso. Hawa no sabía lo que le estaba pasando al bebé, por lo que lo llevó a Zinder, la ciudad más cercana. Allí le administraron una vacuna en el brazo. Hawa no sabía lo que le habían vacunado, solo tenía la esperanza de que funcionara. Le siguieron dando más inyecciones a María. Como vieron que no funcionaban las vacunas, le administraron sales de rehidratación oral. Nada parecía funcionar. La malaria, que resultó ser lo que le diagnosticaron al bebé, tenía un férreo control sobre su sistema y no cedió a los medicamentos.

Después de ocho días en la clínica, con María cada vez más apática, le dijeron a Hawa que se la llevará a su casa.

Una semana más tarde, María murió.

Hawa se sintió devastada. Durante dos semanas, no pensaba en nada más. ¿Cuándo su primera hija se contagió con malaria? Ella se devanó los sesos, y solo más tarde se dio cuenta de que durante esas largas charlas por la noche, cuando ella estaba ocupada mostrando a María, los mosquitos, que son atraídos por el dióxido de carbono y el calor del cuerpo, habían picado a su hija.

La malaria fue siempre una realidad en la vida de Hawa cuando ella estaba creciendo, pero pocas personas tenían mosquiteros. La única manera de prevenir el contagio era iniciar una fogata en el centro del recinto y acomodar el jergón cerca del fuego, con la esperanza de que el calor y el humo mantengan alejado a los mosquitos. Cuando sentían malestar y debilidad, se bebían un té hecho con las hojas del arbusto combretum. Fue solo cuando tenía 16 años que abandonó el remedio tradicional y comenzó a tomar paracetamol, un medicamento que alivia el dolor y reduce la fiebre y que es tomado por muchos nigerinos para la malaria.

Este mes de abril, Catholic Relief Services (CRS) y sus socios ayudarán a distribuir 2 millones de mosquiteros para camas tratados con insecticida a través de Níger. Junto con los mosquiteros se darán charlas en los pueblos dirigidas por personas como Abdou, quien es un trabajador de enlace de CRS que labora en las aldeas locales, con rotafolio y megáfono en mano, educando a la gente acerca de la malaria y cómo prevenirla.

Cuando se les pregunta por qué no duermen o dormirían bajo mosquiteros, los hombres y las mujeres afirman lo que cualquier padre con escasos recursos económicos diría: los mosquiteros cuestan demasiado. O bien, afirmarían que ya hace suficiente calor, ¿por qué van a querer meterse dentro de una malla caliente que bloquea la brisa de la noche? En ocasiones, algunas personas incluso afirman que las redes son un refugio para los espíritus, o causan esterilidad.

Pero el trabajo Abdou es desenmascarar estos mitos, decirles a las mujeres que los mosquiteros protegen a sus hijos, lo que significa que no tendrán que acudir a una clínica de salud, y no tendrán que perder días de trabajo en el campo.

Sus conversaciones parecen estar funcionando. El centro de salud comunitario en Sabonkafi donde Hawa vive ha experimentado una disminución en los casos de malaria desde que Abdou comenzó las charlas y el CRS repartió los mosquiteros. Pero los funcionarios reconocen que la disminución de los casos puede atribuirse en parte a una estación de lluvias más seca de lo normal.

En un estudio realizado el año pasado, CRS encontró que en Níger sólo el 36 por ciento de las mujeres embarazadas y 44 por ciento de las viviendas con niños menores de 5 años de edad tenían un mosquitero tratado con insecticida. El estudio también encontró que la malaria es la principal causa de muerte de las mujeres embarazadas en Zinder.

Pero no se necesitan estadísticas muy sofisticadas para impresionar a Hawa. Ahora ella tiene un mosquitero que los cubre. Después que María murió, estaba dispuesta a probar cualquier cosa para proteger a sus hijos. Ahora, cada noche cuelga la enorme malla azul al aire libre bajo un toldo de paja. Luego agrupa a los niños debajo de la red y entra con ellos. Después mete el borde de la malla debajo de la estera donde todos dormirán (su esposo duerme en su casa de adobe de dos habitaciones), asegurándose que no haya grietas en donde los mosquitos pueden entrar.

Todos saben su lugar: los gemelos de 8 años, Hassan y Ousseina, duermen uno al lado del otro, al lado se acuesta Issia, de 6 años, que tiene dificultad para dormir en la noche, al lado va Ayuba, continúa el siguiente par de gemelos Rabiou y Hamissou, y finalmente Mahman, que tiene 3 meses de edad y duerme junto a Hawa.

Una vez que están alineados, Hawa trata que se relajen. A veces les cuenta historias antes de acostarse, como la del árbol y las donas, o la del piojo y el jefe de baile del pueblo. A ellos les gusta la parte en que ella comienza a cantar, haciéndose pasar por el insecto que atrae a los aldeanos; y antes de que se de cuenta, los niños se quedan dormidos.

Pronto, solo se escucha el resuello de Rabiou, y el ronquido de Mahman. Hawa se va quedando dormida a sabiendas de que sus hijos están a su lado y nada los tocará. Ni siquiera un solo mosquito.

Lane Hartill es asociado regional de comunicaciones en las regiones de África Occidental y Central para Catholic Relief Services. Su oficina está en Dakar, Senegal.

Historias relacionadas

Familias mexicanas buscan asilo en Estados Unidos debido a la violencia

La historia de Ana como refugiada se repite una y otra vez. Cada minuto, veintic... MORE

CRS da la bienvenida a la vacuna contra la malaria para niños vulnerables

CRS hace llamado a centrarse en el desarrollo de planes de distribución y finan... MORE

Futuro con sabor a chocolate

“Creímos que nuestra oportunidad estaba en otro país. Pero no lo estaba. Est... MORE

¿Buscas recursos para formación en la fe?

Utiliza nuestros materiales de Cuaresma gratuitos para parroquias y familias.