Una educación ininterrumpida: La historia de Majd

Una educación ininterrumpida: La historia de Majd

“A él [Majd] no le gustan los días festivos por que quiere ir a la escuela todos los días.”

Majd Nasser Hassan, de diez años, vive con su familia en Bashiqa, una ciudad al este de Mosul en Irak. Al igual que muchos niños de quinto grado, Majd ama el fútbol y Mickey Mouse. Le gusta estudiar y se destaca en matemáticas. Su hermano pequeño Sam, de 9 años, es su mejor amigo. Cuando Majd crezca, quiere ser cirujano para poder ayudar a las personas.

Pero hace cinco años, la vida de Majd se alteró cuando ISIS obligó a su familia a abandonar su hogar. Temiendo el conflicto y sus repercusiones, la familia huyó, dejando todo atrás. “Les dijimos a los niños que lo consideren un picnic”, explicó Lamya, la madre de Majd. “Iremos por un máximo de una semana y luego regresaremos”. Una semana se convirtió en una estadía de 40 días con una familia extendida en una casa superpoblada. Siguieron varios años en un campo de refugiados en Dohuk, en el norte de Irak.

La agitación afectó a todos, pero especialmente a los niños, que estaban ansiosos y asustados. Pero junto a su unida familia, una escuela patrocinada por Catholic Relief Services se convirtió en la fuerza estabilizadora en la joven vida de Majd.

Foto de Philip Laubner/CRS

CRS reconoce la necesidad de soluciones pacíficas que acojan al extranjero. Desde 2014, cuando más de 3 millones de iraquíes fueron desplazados debido a la violencia en el norte y centro de Irak, CRS ha servido a más de 25,185 estudiantes de primero a sexto grado con un programa educativo. Este programa fue establecido en sus inicios como siete espacios especialmente orientados a los niños, donde los niños podían recibir apoyo sicosocial y restablecer un sentido de normalidad, estos lugares eventualmente se convirtieron en aulas reconocidas por el Departamento de Educación iraquí. A partir de septiembre de 2019, CRS atiende formalmente a 37 escuelas activas en Irak.

Cuando Majd y Sam comenzaron a asistir a una escuela de CRS, no solo pudieron regresar a un horario familiar de levantarse y asistir a clases, sino que también forjaron amistades en un nuevo entorno y, lo más importante, continuaron su educación durante su desplazamiento. “Majd está muy motivado para ir a la escuela”, informó Lamya en ese momento. “No le gustan las vacaciones porque quiere ir a la escuela todos los días”.

Foto de Philip Laubner/CRS

“Está relajado y se divierte en la escuela. También tiene más confianza en sí mismo. Incluso sus capacidades educativas han mejorado mucho”.

La escuela también fue una bendición para la madre de Majd. Lamya había estudiado educación, por lo que con capacitación adicional en prácticas de enseñanza y aprendizaje centradas en el niño proporcionadas por CRS, comenzó a enseñar en la escuela de Majd y pudo aportar ingresos a la familia.

En 2019, se estima que 2.5 millones de niños iraquíes afectados por conflictos aún necesitan asistencia para acceder a una educación de calidad. De ellos, alrededor de 800,000 aún viven desplazados, y más de 1.5 millones han regresado a sus áreas de origen. Las barreras a la educación en todo el país incluyen infraestructuras inadecuadas o dañadas por la guerra, hacinamiento, años de escuela perdidos y personal con capacitación limitada en apoyo sicosocial.

Estamos encantados de informar que la familia de Majd se mudó recientemente a su ciudad natal. Majd celebró su más reciente cumpleaños en casa, y él y Sam prosperan en la escuela. Lamya ha podido continuar su carrera como maestra y ha regresado a su antigua escuela donde puede aplicar los conceptos y técnicas que aprendió de su capacitación en CRS para ayudar a sus estudiantes y a sus colegas.

Foto cortesía de Nassar Hassan para CRS.S

Apoyar a inmigrantes y migrantes a menudo significa encontrar formas para que las personas mantengan una vida normal en lo posible hasta que puedan regresar a sus hogares. CRS lidera el camino al ofrecer oportunidades educativas a los niños desplazados, como Majd, para que su aprendizaje no se vea interrumpido, incluso cuando sus vidas sí lo estén. Los padres de Majd informan que está muy feliz de estar en casa. Nosotros también.

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