La Historia de un Migrante y el Mensaje del Papa Francisco

La Historia de un Migrante y el Mensaje del Papa Francisco

El Papa insta a la protección de los derechos humanos de los migrantes

En el mensaje, el Papa Francisco indica que los migrantes, “estas personas, que son hermanos y hermanas nuestros, necesitan una “protección continua”, independientemente del status migratorio que tengan”.

“Sus derechos fundamentales y su dignidad deben ser protegidos y defendidos. Una atención especial hay que reservar a los migrantes niños, a sus familias, a los que son víctimas de las redes del tráfico de seres humanos y a aquellos que son desplazados a causa de conflictos, desastres naturales y de persecución”.

El aumento coincide con la elevada corrupción y violencia de las pandillas en los países del Triángulo del Norte de Guatemala, Honduras y El Salvador, donde el total de asesinatos en 2015 superó el número de muertos en todas las zonas de guerra de todo el mundo, excepto Siria, Irak y Afganistán. Las pandillas en los tres países de Centroamérica controlan barrios enteros. Ellos extorsionan negocios y reclutan a jóvenes pobres y vulnerables desde tan sólo siete años de edad con las políticas de “unirse o morir” que aterrorizan a las familias y que con frecuencia impiden que los niños vayan a la escuela.

Conoce la historia de un migrante:

Cuando Pablo decidió dejar su trabajo como cajero en una pequeña tienda de abarrotes en San Salvador y correr el riesgo al emigrar a los Estados Unidos, sabía que sería difícil. Él sabía que pasaría días caminando por el desierto. Se imaginó que se encontraría a sí mismo a merced de los agentes de la policía que lo acosarían y lo sobornarían a lo largo del camino. Él pensó que podría incluso pasar hambre en alguna ocasión.

Pero cuando el joven de 20 años dijo adiós a su familia — con sólo 80 dólares en el bolsillo — nunca imaginó la pesadilla que le esperaba. Fue secuestrado al norte de México por el Cartel del Golfo, una poderosa red de drogas y de trata de personas, y retenido por un rescate durante 5 semanas.

“Fue la peor experiencia de mi vida, incluso peor que las amenazas de pandillas que mi familia vivía en El Salvador”, dice.

Una decisión desesperada (Video bilingüe)

“Todo el mundo se aprovecha de nosotros”, dijo a Catholic Relief Services. Él estaba en San Salvador, sólo semanas antes de que embarcaría en un segundo intento de entrar a los Estados Unidos. “Es todo un negocio y todos se benefician de nosotros hasta cierto grado, desde el contrabandista hasta la policía. Es muy duro.”

Según él, nunca tuvo una opción. Un grupo del barrio de la famosa pandilla Calle 18 tenía su mirada puesta en el hijo callado de un policía conocido. Los pandilleros saltaban sobre él cuando iba camino al trabajo, burlándose de él acerca de su padre y exigiendo que se uniera a sus filas. Cuando se negó, amenazaron a su familia.

“Ver a alguien tatuado, alto y agresivo como eso—y él te dice que va a hacer algo—uno se asusta,” dice Pablo.

No fue una amenaza vacía. Alrededor de 64 policías fueron asesinados en El Salvador en 2015—más que cualquier año de la historia. El número había estado bajando desde 2012, cuando una tregua entre las pandillas recortó la tasa de homicidios del país casi a la mitad, lo que generó esperanzas que el país podría ver por fin la paz. Pero la tregua se derrumbó después de 15 meses, y la violencia se ha disparado de nuevo, mientras la policía y las pandillas pelean. El año pasado, al menos 6,600 personas murieron en El Salvador. Fue el año más violento desde la cumbre de la guerra civil del país.

El padre de Pablo, finalmente se acercó a su hermano en Washington, D.C., en busca de ayuda. El tío acordó prestarle a la familia 4,000 dólares para un depósito a un contrabandista requerido para llevar a Pablo a la frontera de los Estados Unidos. Pagarían la otra mitad de la cuota de 8,000 dólares una vez que lograra cruzar.

El mes que tomó atravesar México fue un borrón de viajes en autobús interrumpidos por largas caminatas a través de las colinas para evitar los puestos de control de inmigración. La policía podría ponerse violenta—Pablo vio a un oficial golpear con una pistola a un hombre por no tener dinero para pagar un soborno.

Secuestrado (Video bilingüe)

Fuera de Reynosa, México, una ciudad industrial a 16 kilómetros (10 millas) de Brownsville, Texas, el viaje tomó un giro particularmente malo. Ahí es donde el grupo de migrantes con el que viajaba Pablo fue tomado por pistoleros del cártel del Golfo.

Los hombres armados los metieron en una casa abandonada sin ventanas con hasta 100 otros migrantes y refugiados. Llamaron a la familia de Pablo y exigieron 2,000 dólares para liberarlo. Querían otros 2,000 dólares para llevarlo al otro lado de la frontera.

“Las noches eran un infierno, y una noche se sentía como una semana”, dice Pablo. “Era imposible siquiera girar la cabeza para dormir porque estábamos tan abarrotados.”

Las víctimas, algunas esposadas y golpeadas, iban y venían. Pablo nunca supo si fueron puestos en libertad porque finalmente pagaron el rescate o fueron asesinados porque no pudieron.

El secuestro se ha vuelto descontrolado en México en los últimos años a medida que las redes de drogas, que son cada vez más fragmentadas, recurren a nuevas fuentes de dinero.

Hubo 682 secuestros de migrantes reportados en México en 2014, un aumento de 1,000 por ciento respecto al año anterior, de acuerdo con InSight Crime, que estudia el crimen organizado en América Latina.

El padre Arturo González, director de Servicio Jesuita a Migrantes en México, dice que el aumento de la aplicación a través del programa Frontera Sur ha enviado a los migrantes en busca de rutas alternas, pero más peligrosas, que los alimentan directo en las manos de las redes criminales.

Servicio Jesuita a Migrantes en México apoya una red de 14 albergues para migrantes operados por la Iglesia a través del norte de México que trabajan para mantener a los migrantes seguros y ofrecer un lugar para comer y descansar en el camino. Pero menos migrantes están pasando por los albergues en estos días, dice González, por temor a ser elegidos como blancos.

Los obispos católicos de los estados del norte de México dicen que esperan que la visita del Papa Francisco, en especial la misa en Ciudad Juárez, la ciudad del norte de México que comparte una frontera con El Paso, incitará a los legisladores de ambos países a crear políticas que protejan a los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.

“Los que estamos en la frontera hemos pasado muchos años buscando formas de apoyar a las personas que sufren de este fenómeno de la migración, y sabemos que es necesario que haya cambios serios para que sus derechos humanos sean respetados y para que puedan encontrar una manera de cuidar de sus familias,” dice el obispo Alonso Garza Treviño, de Piedras Negras.

En los Estados Unidos, eso incluiría la creación de más vías legales para los migrantes, los refugiados y los solicitantes de asilo para viajar con seguridad y encontrar protección. Pablo nunca recibió una representación legal para ayudarlo a defenderse.

Pasó 3 meses en detención — en Texas y Louisiana — después de ser recogido por Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos en Brownsville, Texas.

Deportado (Video bilingüe)

Los oficiales le preguntaron si quería solicitar asilo, una forma de protección concedida a las personas que no pueden o no quieren regresar a sus hogares por temor a daños graves. Él tuvo una entrevista en video con un representante de inmigración, que no preguntó por detalles acerca de las amenazas de las pandillas. Y nadie quería ver el informe de la policía documentando esas amenazas, el cual Pablo llevaba en su viaje a sugerencia de su padre.

Al final, su argumento de temor creíble fue rechazado. Fue deportado a El Salvador en diciembre de 2015. Mientras estuvo fuera, cuatro personas en su vecindario fueron asesinadas.

Unas semanas más tarde, él abordó un autobús a Guatemala. Fue el segundo de los tres intentos que su contrabandista incluyó en su tarifa de 8,000 dólares.

Sin trabajo y con tanta deuda, Pablo sentía que aún no tenía otra opción.

“Voy a correr el riesgo, incluso si ellos [Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos] me levantan de nuevo”, dice. “Será una aflicción menos para mis padres—un alivio— saber que al menos estoy a salvo y no voy a ser asesinado afuera de mi casa.”

* Nombre cambiado por motivos de seguridad.

Ayuda a reducir los factores que fuerzan a nuestros hermanos y hermanas a migrar. 

Robyn Fieser es asociada regional de comunicaciones en la región de América Latina y el Caribe para CRS.

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