Opciones de educación para niñas en las zonas remotas de Afganistán

Opciones de educación para niñas en las zonas remotas de Afganistán

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.  Nelson Mandela

En Manjoh, una aldea remota en las montañas centrales de Afganistán, era costumbre que las niñas en sus primeros años de adolescencia se casaran. En las zonas rurales de Afganistán, las oportunidades para las niñas son limitadas. Pueden recibir educación o casarse.

Pero Manjoh está lejos de cualquier ciudad importante y está a 16 horas en auto por carreteras sin pavimentar de la capital del país, Kabul—y no tenía una escuela.

Para los niños, la situación era un poco más fácil. Los niños podían caminar a la escuela gubernamental más cercana—a unas dos horas de caminata—mientras que las niñas quedaban en gran medida excluidas, y la mayoría de los padres consideraban que el viaje era demasiado peligroso.

Al crecer, Fizah, de 9 años, había visto a sus hermanas mayores casarse y salir de casa para unirse a las familias de su esposos. Esperaba ser la próxima, temerosa de casarse con un hombre mayor o de mudarse a una aldea lejos de su familia y amigos.

En las remotas aldeas afganas, las jóvenes a menudo se casan a una temprana edad. CRS ayudó a establecer una escuela en su aldea, dándole la oportunidad de obtener una educación. Foto de Stefanie Glinski para CRS

Sin embargo, cuando una de las escuelas comunitarias que CRS abrió en Manjoh, ella descubrió una nueva opción. Por primera vez, obtener una educación era una posibilidad real y una que era bienvenida por los padres de Fizah y muchos otros.

“No es que queramos que nuestros hijos  se casen jóvenes”, dice su madre Wazir, que tiene 30 años y tiene siete hijos. Ella lo sabe por experiencia porque es exactamente lo que le sucedió.

“Hay poco que hacer en el pueblo y no hay lugar a donde ir. La mayoría de nosotros trabajamos como agricultores, cuidamos el hogar o criamos hijos . Siempre ha sido así”.

Para Fizah, sin embargo, las cosas cambiaron. Sentada en una alfombra floral azul en su salón de clases, ella usa un pañuelo blanco, sus mejillas ásperas por los vientos fríos de la montaña. Ella está ansiosa por aprender, levantando la mano en casi todas las preguntas que el maestro  hace a la clase.

“No pensé que alguna vez iría a la escuela”, dice con una sonrisa. “Ninguno de mi familia ha estado nunca. Incluso estoy tratando de enseñarle a mi madre a leer ahora”.

Fizah asiste a la escuela establecida por CRS en la aldea de Manjoh, en la provincia de Ghor, Afganistán. La suya es una de las 45 escuelas de este tipo en aldeas remotas donde el camino a las escuelas públicas es largo y peligroso. Foto de Stefanie Glinski para CRS

La nueva escuela de la aldea está justo en el medio de la comunidad de 45 hogares. Es una habitación pequeña con grandes ventanas y una pizarra. Los estudiantes se agachan en el piso, con sus mochilas y cuadernos frente a ellos.

Sediqua Ibrahimi ha estado enseñando aquí por algunos años. Originaria de Manjoh, pasó años en la capital del distrito buscando una educación. Su padre, un comerciante regional, le dio una rara oportunidad. Ahora que ha regresado, quiere darle a la próxima generación la misma oportunidad.

“Es una gran oportunidad para las niñas. Por lo general, no se les permite caminar a las escuelas del gobierno, porque están demasiado lejos. Si no fuera por esta escuela, ninguna de las chicas aquí recibiría una educación, sino que se casarían siendo analfabetas”. Solo el 31% de la población de Afganistán—hombre o mujer—sabe leer y escribir, y las cifras disminuyen aún más en las comunidades rurales.

Con el apoyo de nuestros donantes, CRS ha establecido 45 aulas como esta en Manjoh, en todo el distrito de Lal en la provincia de Ghor en Afganistán, una región étnica de Hazara en el centro del país. Tanto el conflicto como la lejanía de las comunidades han privado  a los niños aquí de la educación, pero Ibrahimi siente que esto está a punto de cambiar.

“Fizah es el ejemplo perfecto. Su familia no tenía que ser convencida de que recibir una educación es importante. Nuestra aldea simplemente no tenía los medios para construir una escuela nosotros mismos y financiar a los maestros”, dice ella. “Sin embargo, con la ayuda de CRS, eso es exactamente lo que podemos hacer ahora”.

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