Mujeres de Guatemala combaten el hambre que dejó la pandemia

Mujeres de Guatemala combaten el hambre que dejó la pandemia

Son las 6:00 de la mañana de un jueves y ya a esta hora Ingrid Mo se dirige al mercado para comprar lo que necesita para preparar la comida del día que venderá en su negocio:  verduras, frutas, arroz, frijoles y carne. Luego regresa a casa donde la espera su vecina, Blanca, quien la ayuda a comenzar a preparar el pollo empanizado para la venta del almuerzo. Generalmente, durante las mañanas, Ingrid divide su tiempo para cuidar a sus seis hijos, preparar la comida y atender las llamadas de los clientes para hacer sus pedidos de almuerzo del día.

A Ingrid le va relativamente bien en su negocio de vender comida en los predios de su comunidad de Tactic, localizada en Alta Verapaz, Guatemala. Pero la realidad es que la vida no siempre ha sido fácil para esta mujer indígena, quien logró salir hacia adelante luego de sufrir un fuerte período de inseguridad alimentaria. Esto debido a las carencias económicas y las grandes limitaciones para conseguir alimentos que produjo la pandemia COVID-19.

Por fortuna, Ingrid cuenta con un admirable poder de resiliencia pues ha sabido levantarse gracias a su fuerza de voluntad y gran corazón. Ejemplo de ello fue cuando esta madre de apenas 36 años, a pesar de que ya tenía cuatro hijos biológicos, decidió adoptar a los pequeños Jorge y Ana, cuando fueron abandonados por sus padres.

Así las cosas, para los tiempos de pandemia, Ingrid estaba casada y dependía únicamente del sueldo de su esposo para comprar comida, ropa y cualquier otro artículo para el hogar.  Sin embargo, en 2019, su esposo perdió el empleo y abandonó a Ingrid y a sus seis hijos, dejándolos desprovistos del sustento. Ciertamente era muy difícil sobrevivir en medio de las restricciones relacionadas con la pandemia y la disminución de oportunidades de ganar dinero. La situación fue tan crítica que Ingrid comenzó a vender las pocas cosas que tenía para comprar comida y evitar que el hambre se apoderara de su hogar. Incluso llegó al punto de tener que vender su ropa para poder alimentar a sus hijos.

Gracias al apoyo del proyecto soy una mujer nueva, lo superé. Puedo hacerlo sola y ahora no dependo de nadie más. Ahora puedo cuidar de mis hijos mientras avanzamos juntos.

Ingrid Mo, líder comunitaria

Esta fuerte experiencia que vivió Ingrid fue la misma que vivieron miles de guatemaltecos. Fue así entonces que, para enfrentar esta grave situación de inseguridad alimentaria, CRS junto con Cáritas Alta Verapaz y Cáritas Zacapa implementaron Superamos III, un proyecto financiado por la Oficina de Ayuda Humanitaria de USAID (BHA, por sus siglas en inglés), que tuvo como objetivo mejorar la seguridad alimentaria de 8,775 familias en los departamentos de Alta Verapaz y Chiquimula.

Ante esta gran oportunidad, Ingrid no solo participó en Superamos III, sino que también se desempeñó como líder comunitaria del proyecto. Recibió capacitación sobre agua potable segura, alimentación sana, higiene del hogar, alimentación nutritiva para niños menores de cinco años y prevención de COVID-19.

Como líder comunitaria, Ingrid reprodujo las sesiones de capacitación en las que participó para enseñarle a otros miembros de su comunidad los conceptos aprendidos. Y es que una de las estrategias del proyecto era precisamente trabajar con líderes comunitarios, la mayoría mujeres, para que sigan influenciando a sus comunidades con los conocimientos y conceptos aprendidos, aun cuando el proyecto haya culminado.

Además de su liderazgo, Ingrid también habla tres idiomas: español, y los idiomas indígenas quechí y poqomchí. De esta forma, podía comunicarles y transmitirle los conocimientos sobre nutrición, seguridad alimentaria e higiene a todos los participantes de su comunidad.

sesión sobre higiene por Ingrid Mo
Ingrid imparte una sesión sobre higiene en el hogar a los participantes de Superamos III en su comunidad. Foto por Emilio Hernández para CRS.

Los participantes de Superamos III también recibieron transferencias de dinero en efectivo. Y fue precisamente en este beneficio que Ingrid vio grandes oportunidades para su familia si tomaba las decisiones responsables y lograba el uso apropiado de estos recursos. Con esto en mente Ingrid buscó diversificar la dieta para su familia y con la primera transferencia de dinero que recibió compró frutas, verduras, carnes y huevos. Además, se hizo de frijoles, arroz y otros granos. Con la segunda transferencia, Ingrid usó la mayor parte del dinero en efectivo para comprar pollos para ir consumiéndolos. Ya para la tercera transferencia, pensó más en el futuro por lo que decidió invertir su dinero para iniciar un pequeño negocio de venta de comidas preparadas. Finalmente, la cuarta transferencia de efectivo respaldó el crecimiento de su negocio.

El dinero se acabará, pero no quiero ver a mi familia con hambre nuevamente; con mi negocio tengo una fuente de ingresos segura y puedo comprar alimentos para mis hijos”.

Ingrid Mo

mujeres aseguran la alimentación de sus familias
Clientes recogen sus pedidos de almuerzo en la casa de Ingrid Mo. Foto por Emilio Hernández para CRS.

Hoy en día, Ingrid cuenta con una fuente de ingresos segura, vendiendo almuerzos preparados y refrigerios. Su negocio ha tenido éxito y le permite brindar a su familia una dieta balanceada y saludable.

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