Haydée Díaz

Haydée Díaz

Haydée ya tenía 20 años de trabajar para las comunidades en desventaja y jóvenes en riesgo cuando se encontró de frente con CRS. El amor fue mutuo y a primera vista. Ella ya venía con una formación sensible, desde que emigró a Estados Unidos a los 6 años desde La Habana, Cuba. Creciendo en Santa Clara, California, las desigualdades y marginación que sufrían los emigrantes hispanos fueron siempre algo que a Haydée, le tocaba en lo más hondo. Esa mezcla de resilencia y unidad que caracteriza a los hispanos y el trabajo duro que todos como emigrantes aportan al país donde llegan, la conmovían. Ella misma las vivió en su propia piel. Como emigrante hispana, conoce los retos desde dentro, de la misma forma que sabe y ha experimentado que los sueños se cumplen y los caminos se abren para aquellos que luchan.

Luego de graduarse de la Universidad, convencida de su llamado al servicio de los demás, Haydée trabajó en una ONG enfocada en abogacía a favor de la comunidad latina recién llegada y más adelante, en El Salvador con maestros rurales y en un programa de prevención de crimen y violencia con jóvenes de muy altos niveles de riesgo en comunidades controladas por pandillas. Por eso no fue novedad que conociera el trabajo de CRS y que se convenciera de inmediato, compartiendo los valores y el compromiso con transformar de raíz las vidas de los más vulnerables. Su primer trabajo con nuestra organización fue en El Salvador y Honduras donde estuvo por tres años.

“Yo no creo que Dios quiera que algunas personas se acuesten en la noche sin comer, sin saber cómo darle un plato de comida a sus hijos. Dios quiere que vivamos en un mundo donde todos tenemos derecho a comida, a la educación, a vivir en un hogar digno, a tener un trabajo digno.”

Con esta misión tan clara y la fe puesta por delante, no sorprende que Haydée haya llegado a Uganda. Un mundo totalmente distinto en todos sentidos a su lugar de origen y a la vez tan parecido. En todos lados del mundo, la gente quiere lo mismo: una vida digna y feliz, un futuro. Así que desde hace dos años, Haydée dirige la oficina de Programas de CRS en Uganda. Un país que probablemente le hubiese sido difícil encontrar en el mapa antes de llegar ahí, pero que la ha sorprendidó por su generosidad con los emigrantes. Siendo un país tan pobre, el número 17 en ranking de pobreza, donde viven con menos de 2 dólares al día, Uganda brinda un lugar, un empleo y un pequeño terreno para cultivar a los recién llegados de Sudán del Sur y del Congo. ¡Qué lección de amor para países que tienen más y rechazan fuertemente a los migrantes!

En Uganda, Haydée recorre los enormes campos de refugiados en su vehículo de CRS y la gente corre a recibirla. Y esto es porque CRS significa la iglesia y la iglesia nunca te abandona.

“Y no hablo de las grandes catedrales, estoy hablando de los millones y millones de pequeñas capillas e iglesias que hay alrededor del mundo… en Nairobi, en Kenia, o en una pequeña capilla, en el rincón más remoto de Oaxaca. Nosotros como CRS, somos la iglesia”

La fe y el llamado al servicio de Haydée nos llena de orgullo, porque es una hispana que ama desde sus raíces, ama y comprende, ama y apoya. Haydée, como ella misma lo explica, está contribuyendo a luchar por el Reino de Dios, un mundo donde todos los niños en Uganda, en El Salvador, en California, o las Filipinas … puedan acostarse esta noche con un techo sobre sus cabezas, comer suficiente, saber leer, lavarse con agua y tener una oportunidad para un mejor futuro.

Es el mes de celebrar nuestra herencia hispana, ¡Celebra con CRS!

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