Carla Fajardo

Carla Fajardo

Carla se ha encontrado con CRS una y otra vez y siempre se ha vuelto a quedar, porque comparte profundamente la misión de servir. Nacida en Perú, estudió una maestría en Estados Unidos donde conoció a su esposo que también trabaja para la organización. Juntos emprendieron el camino a tierras muy distintas a la suya, Uganda, Burundi, Chad, Haití, Senegal y ahora Madagascar. Así, en varias ocasiones y en seis países ha trabajado en CRS hasta que ahora es representante de país. Carla creció en medio del conflicto interno del Perú profundo, su vida está llena de sensibilidad que aprendió junto a su padre mientras él también trabajaba en proyectos sociales. Por eso no es extraño que haya decidido dedicar su vida al compromiso con la justicia social.

Del trabajo en CRS aprecia mucho la capacidad de la organización para reconocer en las contrapartes locales a los mejores aliados; los principios de subsidiaridad, de buena administración y gobernanza de recursos para alcanzar un verdadero desarrollo sostenible. Como tantas personas que trabajan en CRS, no es una motivación económica la que la llama a servir, sino poder hacer una verdadera diferencia en la vida de las personas.

Y es que lo más emocionante es cómo siendo CRS guiada por los valores de la iglesia católica, en diferentes países donde ha servido con CRS (Gambia, Senegal, Chad), donde más del 95 porciento de la población es musulmana, Carla encuentra que no existen diferencias. Cuando el trabajo es de servicio, lo que se busca es siempre lo mismo, como ella misma lo explica: “Una vida diga para todos, donde el enfoque sea que la gente viva con dignidad, que tenga acceso a recursos, que tenga equidad y que pueda ejercer sus derechos y participar tomando decisiones sobre sus vidas. “

Los retos son muchos. En su territorio, el tema de cuidar de la Madre Tierra es central, siendo Madagascar un lugar con tanta riqueza en fauna y flora, el llamado a conservar y cuidar los regalos de Dios, es un llamado no solamente social, económico o científico, es un llamado a la reflexión y a la acción por parte de toda la comunidad. Pero también los logros son grandes. En Gambia, cuando CRS empezó a trabajar temas sobre malaria, el porcentaje de la enfermedad en el país era más de 50%. Catorce años más tarde es 0.01 por ciento.

Como la única latina representante de país, para Carla la responsabilidad es grande, pero sabe que está abriendo camino e inspirando no solo en su sede, sino a toda una comunidad de hispanos que probablemente también viene de condiciones adversas como las comunidades donde CRS trabaja. Porque en cualquier parte, incluso en Estados Unidos ahora más que nunca, los hispanos tenemos retos que vencer.

Ser parte de CRS es para Carla una invitación a reanimar ese ímpetu por cambiar el mundo. No es una utopía. Es posible.

“Tener la posibilidad de hacer algo cuyo impacto va realmente cambiar la vida de miles de personas, te da una sensación de humildad, pero también de orgullo. Ese es el tipo de cosas que podemos hacer juntos y no solamente juntos, como CRS, pero juntos, como sociedad”

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