Ya no son extraños

Por Pedro Antonio Ordoñez López

He vivido toda mi vida en Chiquimulilla en el departamento de Santa Rosa. Guatemala es muy hermosa, aunque siempre ha estado llena de limitaciones económicas que no me permitieron el rendimiento deseado en los estudios.

La situación económica de mis padres no les permitió proporcionarnos una nutrición completa y realizar algunas actividades adicionales en la escuela. Algunas veces incumplí con la entrega de trabajos para los cuales se necesitaba hacer gastos extras. Sin embargo, Dios me permitió llegar a graduarme y actualmente trabajo como supervisor de alimentos del proyecto educativo materno-infantil que ejecuta la Pastoral Social Cáritas de la Diócesis de Santa Rosa de Lima. Parte de mi sueldo la utilizo para colaborar con mi familia y estoy pagando mis estudios en la Universidad Rafael Landívar-Extensión Escuintla, en Ciencias Agrícolas y Ambientales. Tengo la fortuna de contar con mis padres y dos hermanos mayores que yo.

Pedro Antonio Ordoñez trabaja con la Diócesis de Santa Rosa de Lima en la oficina de Cáritas para el programa de educación materno-infantil. Foto cortesía de Pedro Antonio Ordoñez López

Pedro Antonio Ordoñez trabaja con la Diócesis de Santa Rosa de Lima en la oficina de Cáritas para el programa de educación materno-infantil. Foto cortesía de Pedro Antonio Ordoñez López

La población de mi comunidad es de vocación agrícola-ganadera, se siembra especialmente, maíz, frijol y arroz; granos básicos en la alimentación de los guatemaltecos. También se cultiva café en algunas áreas. Aunque actualmente estamos atravesando una crisis de escasez de tierra para la siembra de estos cultivos, debido a que muchas fincas que arrendaban derechos para poder utilizar la tierra, están siendo arrendadas a los ingenios azucareros para la siembra de caña. Esto está provocando también serios daños ecológicos en mi comunidad.

Conocí por primera vez a los jóvenes de la Diócesis de Metuchen en 2007. Me pareció un grupo cordial y amistoso, muy interesado en conocernos, compartir nuestros problemas y fomentar lazos de hermandad. Aprendí de ellos que cuando se tiene buena voluntad y amor al prójimo y se comparte la fé, una persona puede integrarse con otras culturas y que la humildad es un valor que debe cultivarse durante toda la vida de las personas.

Lea sobre cómo esta visita impactó a un muchacho estadounidense.

Juntos visitamos comunidades de la Diócesis de Santa Rosa de Lima, visitando algunos hogares y escuelas. Sembramos árboles, jugamos partidos de fútbol con equipos de las escuelas, rompimos piñatas con niños de las comunidades. Además, realizamos algunas caminatas para llegar a las aldeas.

Me sorprendió ver que la gente de nuestras comunidades tuvo la confianza de acercarse a los jóvenes y demostrarles su cariño y la apertura de los jóvenes de Metuchen para aceptar dichas demostraciones de afecto. Así también, el interés que los jóvenes de las delegaciones mostraron al conversar y jugar con los niños.

Lo que aprendí de ellos es el deseo de superación. Disposición de apoyar a nuestras comunidades e interés por conocer más nuestras necesidades y entender nuestra cultura. Esta experiencia fortalece mi fé en Dios y la esperanza de que en unidad lograremos un mundo mejor. Fortalece mis principios de amor y respeto al prójimo. Me hace más solidario. Aunque hablamos diferentes idiomas, somos de razas diferentes y hay variantes en nuestras culturas —por ejemplo, en la mayoría de los hogares de Guatemala, desde niño se trabaja para aportar alguna ayuda económica para el hogar— seguimos siendo similares: amamos a Dios y compartimos la misma fe, somos parte activa de la Iglesia, estamos a favor de la unidad universal, nos gusta compartir con los demás y generalmente, estamos alegres. Compartimos el lenguaje universal del amor.

Pedro Antonio Ordoñez está estudiando Ciencias Agrícolas y Ambientales en la Universidad Rafael Landívar-Extensión Escuintla en Santa Rosa, Guatemala.