Una oportunidad para los niños de la calle del Perú

Por Kai T. Hill

Lorena García explora una concurrida plaza de un pueblo de la región selvática de Perú. Sus ojos se posan en los niños que golpean el pavimento procurando vender algo rápido.

Un limpiabotas que carga una caja de madera se retira apesadumbrado luego de que un transeúnte declinara lustrar sus zapatos. Algunos de sus compañeros encontraron clientes. Lustran zapatos. Dos niñitas venden golosinas y goma de mascar en bandejas de cartón.

Lorena García inició la Cooperación Cristiana para el Desarrollo en 2003, con ayuda de Catholic Relief Services. Foto de Jim Stipe/CRS

Lorena García inició la Cooperación Cristiana para el Desarrollo en 2003, con ayuda de Catholic Relief Services. Foto de Jim Stipe/CRS

Este es un distrito comercial en la selva montañosa. La extremadamente verde vegetación es un distante y brumoso telón de fondo para la plaza central de concreto rodeada de pequeñas tiendas y edificios municipales. Los adultos vienen a pasear mientras los niños mendigan o venden jugo con colorante en bolsas plásticas, dulces y baratijas. No sonríen.

“Un compromiso de amor”

Estos son los niños de la calle del Perú, quienes acaparan toda la pasión de Lorena. Seis años atrás ella fundó la Cooperación Cristiana para el Desarrollo (COCID) para apoyarlos e inculcarles amor por la educación.

“Para mí es un gran compromiso de amor poder protegerlos y ofrecerles las oportunidades que no tienen en casa”, expresó Lorena, que porta alrededor del cuello una resplandeciente pero modesta cruz dorada.

Muchísimos niños en este país andino trabajan para aportar al ingreso familiar, lo que les quita el tiempo de asistir a la escuela, mientras viven en horribles condiciones de pobreza, dijo.

Un limpiabotas trabaja en la plaza central de Rioja, Perú. Foto de Jim Stipe/CRS

Un limpiabotas trabaja en la plaza central de Rioja, Perú. Foto de Jim Stipe/CRS

“Ellos se van a las calles a buscar qué hacer, debido a los problemas que hay en sus hogares. La mano de obra infantil es más barata. A ellos les pagan la mitad de lo que pagan a un adulto por el mismo trabajo”, indicó.

La realidad en el hogar es frecuentemente tan emocionalmente cruel como financieramente depresiva.

“La mayoría de las madres aquí solo puede encontrar trabajo en el campo. Sencillamente no obtienen lo suficiente para mantener a sus familias. Frecuentemente el padre está fuera de la escena. Después de un día de trabajo, los padres están cansados y no les queda suficiente energía para mostrarles afecto a sus hijos”, agregó Lorena.

Un refugio diario

Catholic Relief Services (CRS) ha respaldado la asistencia a los niños del Perú durante más de seis años mediante proyectos vinculados a la educación, crear conciencia acerca del VIH y sida, prevención de la explotación sexual y capacitación en la administración de pequeños negocios. Estos proyectos están localizados en las regiones andina y amazónica.

Lorena inició la COCID en 2003 con ayuda de CRS y un donante estadounidense de origen peruano de Rochester, Nueva York. De acuerdo con UNICEF, cerca del 20 por ciento de los niños del Perú de entre 5 y 14 años participan en alguna forma de actividad generadora de ingresos o en trabajo doméstico. Los datos de 2007 revelan que mujeres y varones son afectados por igual.

“Lorena, junto con los demás maestros y colaboradores de este proyecto, ha asegurado que esos niños y adolescentes reciban oportunidades para su desarrollo personal y su futuro”, manifiestó Romina Sánchez, de CRS, una antigua maestra que ha trabajado con Lorena durante varios años.

Formación y afecto

En la plaza, Lorena abraza a las jovencitas que venden caramelos, las besa en las mejillas y les cuenta acerca del centro COCID. Ellas le devuelven el gesto con abrazos y una animada charla. Lorena conoce a algunas por su nombre.

Richar Julca Daza, de 11 años, en frente del autorretrato que dibujó en el taller sobre autoestima. La sesión fue parte del programa del COCID para niños trabajadores en Soritor. Foto de Jim Stipe/CRS

Richar Julca Daza, de 11 años, en frente del autorretrato que dibujó en el taller sobre autoestima. La sesión fue parte del programa del COCID para niños trabajadores en Soritor. Foto de Jim Stipe/CRS

“Necesitan mucho afecto. Estos chicos frecuentemente no pasan el día con sus familias”, dijo Lorena.

El centro modestamente decorado, localizado en el poblado montañoso de Moyabamba, atiende a más de 100 niños al día. Algunos recorren largas distancias por caminos sin asfalto para llegar al centro.

“Tenemos casos de algunos niños que no han estudiado durante dos o tres años, vienen aquí y de repente quieren estudiar”, expresó Lorena. “Pasan la mayor parte del día en COCID y luego regresan a casa”.

En un salón de clases, el programa ofrece a los niños tutoría, dos comidas al día, útiles escolares, actividades de recuperación de la autoestima, educación en salud y consejería, todo en una atmósfera familiar.

“Es hermoso el apoyo que nos dan”, dijo un muchacho en COCID. “Vengo aquí a hacer mi tarea, para mantenerme estudiando y llegar a ser un profesional”. Otra participante sostuvo que utiliza lo aprendido en el centro para “ir a casa y ayudar a otros niños”

Los niños mayores aprenden arte culinario y destrezas de negocios, incluyendo la confección de golosinas y yogurt. Después de participar del programa, la mayoría de los chicos quiere seguir la escuela y futuras carreras, dijo Lorena. Dado el éxito del centro de Moyobamba, el programa COCID ha comenzado programas satélites en los pueblos de Soritor e Iquitos en la Amazonía y Cuzco en las montañas del Sur.

La madrina

Lorena ha dado un paso más en su profundo acercamiento a estos niños.

Es la madrina de dos hermanos, Hans y Miguel, cuya madre falleció hace más de dos años. Hans forma parte del grupo que confecciona chocolates. Miguel es instructor en COCID. Hans aspira a ser ingeniero de sistemas y Miguel acaba de llenar su solicitud para ir a la universidad, con planes de convertirse en oficial de policía.

Los efectos de la acción de Lorena son duraderos, incluso para aquellos que no han completado el programa.

En la plaza, Lorena descubre a un joven que tuvo problemas con la ley tiempo atrás. Se abrazan como viejos amigos. El centro pudo ayudarlo con servicios legales, explicó. Luego él le pide que sea la madrina de su pequeña hija. Lorena sonríe con orgullo.

Kai T. Hill es productora asociada para la página de internet de Catholic Relief Services, su oficina está en la sede mundial en Baltimore.

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