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CRS aplaude la aprobación de legislación que extiende el programa histórico del VIH

Por Kim Pozniak

Washington, DC, 20 de noviembre 2013 - Sin oposición en la Cámara y el Senado, el Congreso ha aprobado una legislación que reactiva el Plan presidencial de emergencia para la disminución del sida (PEPFAR, por su sigla en inglés). La Ley de Corresponsabilidad y Supervisión del PEPFAR de 2013 extiende el programa histórico del VIH por cinco años con los niveles actuales de financiamiento.

Aplaudimos el apoyo bipartidista del Congreso para uno de los programas de ayuda para el extranjero de mayor éxito emprendido por los Estados Unidos,” dijo Bill O’Keefe, Vicepresidente de Relaciones Gubernamentales de Catholic Relief Services. “Gracias a PEPFAR, hemos realizado grandes avances contra la epidemia del VIH. El Congreso ha dado un paso gigante hacia una generación libre del sida. Nos alienta que en medio de las disputas partidistas, todo el Congreso fue capaz de unirse para hacer frente a las necesidades críticas de salud de los pobres de todo el mundo,” agregó.

Presentado por primera vez por el presidente George W. Bush en 2003, el programa PEPFAR de 48 mil millones de dólares es el compromiso más grande de una nación para combatir una sola enfermedad a nivel internacional. A nivel mundial, el financiamiento de PEPFAR apoya el tratamiento antirretroviral (ART, por su sigla en inglés) para salvar la vida de casi 6 millones de personas que viven con el VIH. El programa también brinda atención y apoyo a otras 15 millones de personas, incluyendo 5 millones de huérfanos y niños desamparados.

Catholic Relief Services fue una de las primeras agencias en implementar programas del PEPFAR y ha sido galardonada con varios subsidios importantes. En 2004, el consorcio AIDSRelief, liderado por CRS, recibió uno de los subsidios del PEPFAR más grandes de la historia. Durante nueve años, el proyecto de 740 millones de dólares apoyó a 276 centros de salud en 10 países y prestó asistencia y tratamiento del VIH a más de 700.000 personas, entre ellas cerca de 400.000 inscritas en el ART.

 

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    Lety Francisca Ramírez, de 22 años y con VIH, sostiene a sus hijos en su hogar en Guatemala. Los promotores de Gente Unida, socios de CRS, visitan los hogares de otros pacientes con VIH como Lety, para responder sus preguntas, examinar su estado de salud, distribuir alimentos y asegurarse que toman regularmente las drogas anti-retrovirales. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

    Lety Francisca Ramírez, de 22 años y con VIH, sostiene a sus hijos en su hogar en Guatemala. Los promotores de Gente Unida, socios de CRS, visitan los hogares de otros pacientes con VIH como Lety, para responder sus preguntas, examinar su estado de salud, distribuir alimentos y asegurarse que toman regularmente las drogas anti-retrovirales. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

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Varias de las páginas de internet citadas en esta página son de fuentes externas. Todos los derechos reservados pertenecen a las organizaciones/individuos que han publicado el contenido en dichas páginas. Los programas de CRS para responder al VIH y al sida se guían por las directrices de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por su sigla en inglés).

Las páginas de internet citadas aquí proceden de varias fuentes y no necesariamente coinciden con las regulaciones de la USCCB. La inclusión de esos recursos en esta página no implica un apoyo de parte de CRS a estos programas.

Atención continua mitiga la desesperación del VIH

Por Laura Sheahen

“Una monja de mi parroquia me dijo que yo podría tener VIH”, recordó Shakeela, una mujer de 35 años residente en Lahore, Pakistán. “Le pregunté a mi esposo ‘¿Qué es VIH?’”.

“Mi esposo respondió: ‘No, ella miente. No es una enfermedad que te pueda transmitir. No es tan peligrosa’”.

Shakeela no comprendía lo que pasaba, pero sabía que algo andaba mal. Se había casado con su esposo —un ex soldado— a mediados de la década de los noventa y dio a luz una niña en los primeros años. La bebé falleció a los tres meses de edad. A lo largo de los años siguientes, su esposo fue perdiendo la salud y, eventualmente, vendió muchas de sus propiedades para pagar tratamientos. “Se puso muy delgado, pero me decía: ‘Es solo que tengo fiebre’”.

“Mi esposo sabía”

Las cosas empeoraron. “En 1999, di a luz un varón, Waqas. Un médico nos tomó muestras de sangre a mí y al bebé”, dijo Shakeela. “El doctor Rashid me dijo que yo y mi bebé teníamos VIH”.

“Mi esposo sabía que mi bebé y yo estábamos enfermos”.

Una mañana, poco tiempo después, Shakeela y su hermano entraron al dormitorio. “Mi esposo yacía en la cama y su pistola de reglamento estaba sobre la almohada”, dijo.

“No pudo soportarlo. Perdió toda esperanza”.

Su diagnóstico y el suicidio de su esposo fueron solo el comienzo de la creciente pesadilla de Shakeela. “Me di cuenta de que al momento de casarnos ya mi esposo tenía VIH. Lo sabía y nunca me lo dijo”, sostuvo Shakeela. Waqas empeoró, y al año de edad murió. “Mi bebé falleció cuatro meses después de su padre”.

Con su esposo y sus hijos muertos, sin ninguna idea de cómo afrontar una enfermedad de la cual nunca había oído pero que suponía era una sentencia de muerte, Shakeela se desesperó. “Lloraba mucho. Todo el mundo decía que solo me quedaba un año de vida”.

“Me llenaba de esperanza”

En 2000, un hombre llamado Nazir llegó a la casa de sus padres, donde ella se había ido a vivir tras la muerte de su esposo. Nazir urgió a Shakeela a que asistiera a una reunión para personas que viven con el VIH que él organizaba.

Sus padres no le dieron permiso pues no era aceptado que las mujeres salieran en público sin ir acompañadas de un hombre de la familia. “Le supliqué a mis padres”, recordó. “Peleé con ellos, hasta que finalmente me dieron permiso”.

En la reunión, Shakeela se dio cuenta de que la enfermedad no significaba el fin de su vida. “La gente allí me respetó”, dijo. “Siempre que miraba a otra persona con VIH, me llenaba de esperanza”. Aunque para ese tiempo las drogas anti-retrovirales no estaban disponibles en Pakistán, Shakeela aprendió más acerca del manejo de su enfermedad.

El optimismo de Shakeela fue en aumento y todavía le esperaban cosas mejores. En la reunión conoció a Ronaq, quien no tenía VIH. “Se enamoró de mí y fue a la casa de mis padres. Me pidió matrimonio, una y otra vez”.

Shakeela decidió revelarle su condición. “Le dije claramente ‘tengo VIH’, y aun así insistía en casarse conmigo”, dijo sonriendo. “Sabía, y me aceptó”.

Nuevos desafíos

Antes de casarse buscaron consejo. “Nazir les habló acerca de los medicamentos anti-retrovirales, los efectos secundarios, los problemas que podrían afrontar en el futuro”, continúa Shakeela. “Ronaq dijo: ‘No importa, quiero casarme con ella’”.

La pareja decidió tener hijos. Su hija, actualmente de 6 años, “lucía en buena salud al nacer”, dijo Shakeela, quien optó por amamantarla. “Me dije: “Si no le doy el pecho, no siento que soy una madre de verdad’”. A los 18 meses de edad, se descubrió que la niña tenía VIH.

Para ese tiempo, Shakeela tomaba medicamentos, pero no existía ninguno para niños. “Antes de 2005 yo estaba descorazonada porque no había medicinas para mi hija”, dijo Shakeela. “En 2005, supe que había algunas, y tuve esperanza para mi hija. Ahora llevo una vida saludable y ella también”.

Aunque la niña no sabe su condición, ella toma diariamente medicinas para el VIH en forma líquida y tiene excelente salud. “Ella no quiere tomarlas”, dijo Shakeela. “Dice que son agrias”. La segunda hija de la pareja, ahora de 4 años, no tiene VIH.

Miembros del personal de salud, financiados por Catholic Relief Services (CRS), quienes se aseguran de que los pacientes mantengan una rutina para tomar sus medicamentos, suministrados por el gobierno pakistaní, visitan a Shakeela y su hija. Este plan también suministra medicamentos para infecciones comunes en personas con VIH, además de apoyo emocional, importante en este país donde los pacientes con VIH afrontan un gran estigma.

‘Es su turno de salvar vidas’

Los programas de CRS suministran los vitales medicamentos anti-retrovirales y se aseguran de que los pacientes las tomen apropiadamente. En Pakistán, CRS comenzó a distribuirlos antes de que estuvieran disponibles localmente.

“Se suponía que estas drogas estuvieran disponibles, pero no lo estaban”, recordó Luc Picard, representante de CRS en Pakistán de 1999 a 2004. Picard conocía a un médico en la India, especializado en tratamiento de VIH, que se comunicaba con otro médico en Lahore. “En Lahore vivía un hombre de 24 años que se estaba muriendo; el médico dijo que no sobreviviría más de una semana. Esto me hizo que tomara el tren a la India.”

Como extranjero, a Picard se le permitió viajar entre la India y Pakistán, lo que no se le permitía a ciudadanos de ambos países, debido a los problemas políticos vigentes. En Delhi, Picard compró los anti-retrovirales y los llevó a Lahore, donde había varios hombre con plenos síntomas de sida, quienes inmediatamente comenzaron a tomarlos. Esos hombres, incluido el de 24 años, se recuperaron.

“Me dijeron que les había salvado la vida”, recordó Picard. “Yo les contesté: ‘Ahora es su turno de salvar las vidas de otros’”.

La esperanza está viva ahora en centenares de pacientes que, como Shakeela, estuvieron antes al borde de la desesperación. “Sufrí mucho, pero he sobrevivido”, dijo Shakeela mientras abrazaba a su hija de 4 años. “Ahora vivo bien”.

La fe cristiana de Shakeela también le ayuda a sostenerla. “Creo fuertemente en Dios. Rezo diariamente, en la mañana y en la noche”, explicó. “Gracias a Dios estoy viva y tengo una familia. Es una bendición de Dios”.

Laura Sheahen es asociada regional de comunicaciones en la región de Asia para Catholic Relief Services. Su oficina está en Camboya.