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Refugiados iraquíes escapan de la tensión y del miedo

Por David Snyder

En un edificio de piedra del sector Achrafieh, de Beirut, la capital del Líbano, 27 mujeres se reúnen para compartir sus historias. Son refugiadas de Irak. Cada una de ellas ha pasado por el trauma de dejar su hogar. Bahiga Baba es una de ellas.

Como las demás mujeres, Bahiga recuerda bien el temor que la acompañó en su escape de Irak a comienzos de 2008. Este temor en realidad había comenzado años atrás y fue creciendo hasta el punto en que estalló.

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Un grupo de refugiadas de Irak escucha a un trabajador social de la organización aliada de CRS Centro de Emigrantes Cáritas Líbano, durante una sesión de capacitación, en Beirut. Foto de David Snyder para CRS

“Mi esposo trabajaba con las fuerzas armadas estadounidenses y fue amenazado, entonces tuvimos que abandonar Irak”, relató Bahiga.

Después de huir al país vecino, Siria, Bahiga, su esposo y sus cinco hijos se esforzaron por adaptarse. No había empleo y pronto la falta de dinero y la tensión de vivir como refugiados los hizo volver la vista hacia su patria a medida que superaban el temor que sintieron al escapar de allí. Retornaron a Irak, pero la bienvenida a su país fue breve.

“La gente nos dijo que hombres armados vendrían a matarnos, así que durante un año nos mudamos de una casa a otra para estar junto a familiares”, dijo Bahiga. “Mis hijos tuvieron que dejar la escuela”.

Con la tensión y el miedo como compañeros permanentes, la familia no pudo aguantar más. Huyeron al Líbano y allí se registraron como refugiados con las Naciones Unidas el mismo día que llegaron, con un futuro incierto por delante. Líbano no es un país signatario de las Convenciones de Ginebra, por lo cual los refugiados que se hallan allí no están reconocidos oficialmente. La siguiente parada que hizo la familia, sin embargo, le trajo la primera sensación de seguridad en años.

“Otras familias me dijeron que acudiera a Cáritas”, expuso Bahiga. “Así que a la semana fuimos para allá”.

El Centro de Emigrantes Cáritas Líbano ha sido la primera parada para miles de refugiados iraquíes a su llegada al Líbano. Hay actualmente en este país entre 25.000 y 50.000 iraquíes refugiados. La cifra exacta es difícil de conocer. La mayoría ha sobrepasado la estadía que le otorga su visa o ha ingresado al país por alguna de las poco vigiladas fronteras.

Apoyo excepcional

Con respaldo de Catholic Relief Services, el Centro de Emigrantes Cáritas Líbano ofrece a los refugiados como Bahiga una amplia gama de servicios de atención y apoyo. Las familias en necesidad atendidas por los centros manejados por las seis oficinas locales reciben gratuitamente colchones y

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La refugiada iraquí Bahiga Baba ha completado 12 clases sobre cuidado infantil, prevención del SIDA, violencia de género, entre otros temas. Foto de David Snyder para CRS

calentadores, leche maternizada y alimentos básicos. Los refugiados también reciben apoyo en pago de alojamiento, acceso a educación para sus hijos y cuidado médico. Estas son opciones de otro modo inimaginables para muchos que han llegado al país sin un centavo en el bolsillo.

Las acciones del centro se extienden. Expulsados de sus pueblos de origen en Irak, los refugiados son vulnerables a un nuevo mundo de amenazas. Mediante la capacitación, aprenden de todo, desde protegerse del VIH hasta cuidado infantil y violencia de género.

Después de años en incertidumbre y miedo, la historia de desplazamiento de Bahiga se aproxima al final. Ya ha sido aceptada para asentarse en los Estados Unidos y pronto se mudará, según espera, para su bien. Su transición fue facilitada por la ayuda que recibió del Centro de Emigrantes Cáritas Líbano y ahora mira hacia el futuro con emoción mientras reflexiona en el camino transitado hasta este momento.

“Estoy feliz porque me voy y quiero irme. Al mismo tiempo, me asusta que es a un país nuevo para mi”, expresó Bahiga. “Pero no tenía otra opción, mis hijos fueron amenazados”.

David Snyder es un fotógrafo que ha viajado a más de 30 países con CRS.