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La historia de Ivette Sawadogo

En el Centro para jovencitas de Kaya Burkina Faso:

Dos jóvenes residentes del Centro para niñas vulnerables en Kaya, Burkina Faso de Catholic Relief Services observan como se prepara la comida en el patio del hogar. El centro ofrece un refugio seguro para las jovencitas que huyen de matrimonios forzados con hombres mucho mayores. Rechazadas por sus familias, ellas a veces caminan por largas horas para llegar al centro, donde aprenden a coser, cocinar y tejer. Lo más importante es que aprendan a cuidarse a sí mismas y a planear su propio futuro. Foto por Gina Kane/CRS.

Dos jóvenes residentes del Centro para niñas vulnerables en Kaya, Burkina Faso de Catholic Relief Services observan como se prepara la comida en el patio del hogar. El centro ofrece un refugio seguro para las jovencitas que huyen de matrimonios forzados con hombres mucho mayores. Rechazadas por sus familias, ellas a veces caminan por largas horas para llegar al centro, donde aprenden a coser, cocinar y tejer. Lo más importante es que aprendan a cuidarse a sí mismas y a planear su propio futuro. Foto por Gina Kane/CRS.

Mi nombre es Ivette Sawadogo. Tengo 20 años y soy de Barsalogho. Con la ayuda del catequista en Barsalogho, llegué a este centro.

Mis padres me prometieron en matrimonio a un hombre de un pueblo vecino cuando yo era pequeña. Generalmente, en nuestra cultura las niñas se casan a los 17 años-yo cumplí 17 hace tres años. Sentí el peligro que se avecinaba desde que comencé a tener pesadillas cada vez que dormía. Decidí dejar a mis padres por la noche.

Muchas cosas han cambiado en mi vida desde que llegué a este centro. Tengo un catequista, y fui bautizada. Sé coser y tejer, y tomé cursos de alfabetización con los funcionarios del centro. Puedo administrar un negocio porque ahora puedo escribir y sé cómo hacer algo en la vida.

Les agradecimiento enormemente a aquellos que realmente pudieron ayudarnos y les deseo ánimo en su trabajo.

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Lo que se necesita para organizar un evento

¡Lo hacemos fácil! Los anfitriones sólo tienen que contar con 40 (o más) voluntarios, mesas y cubrir la cuota de admisión del evento. Stop Hunger Now enviará un camión con comida y suministros, e instalarán y coordinarán su evento. CRS entrega sus comidas en el extranjero y distribuye una parte de la cuota de admisión del evento a socios locales para financiar capacitación laboral y programas para los beneficiarios de las comidas en temas como:

Una joven en Burkina Faso recibe alimentos provenientes de "Helping Hands". Foto de CRS.

Una joven en Burkina Faso recibe alimentos provenientes de “Helping Hands”. Foto de CRS.

• Servicios para personas con discapacidades

• Apoyo para el VIH y sus pruebas

• Vivienda, alimentación y cuidados para huérfanos y niños abandonados

• Centros para jóvenes mujeres que han huido de matrimonios forzados

• Distribución de alimentos

• Educación nutricional

• Actividades generadoras de ingresos (agricultura, costura, tejido, etc.)

• Servicios psicológicos

• Fortalecimiento de la capacidad de organización

Después de su evento, los voluntarios pueden visitar un sitio web especial (en inglés) a través del cual pueden seguir el rastro de sus comidas desde los Estados Unidos hasta su destino en el extranjero.

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¿Quién puede realizar “Helping Hands”?

David Shafer (izquierda) y Michael Giebel (derecha) del equipo de soccer de la preparatoria católica Bishop Moore High School alzan 50 sacos de arroz.  Foto por Jim Stipe/CRS

David Shafer (izquierda) y Michael Giebel (derecha) del equipo de soccer de la preparatoria católica Bishop Moore High School alzan 50 sacos de arroz. Foto por Jim Stipe/CRS

• Parroquias individuales o múltiples

• Escuelas parroquiales

• Programas de educación religiosa

• Grupos comunitarios o religiosos (los jóvenes, los Caballeros de Colón, JustFaith, las universidades católicas)

 

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¿Cúal es el proceso?

Más de 30 obispos que asistieron a la asamblea de La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, en Baltimore (MD) ayudó a empaquetar 30.246 comidas para Helping Hands enviados a un almacén de CRS en Burkina Faso. Foto por Jim Burger para CRS.

Más de 30 obispos que asistieron a la asamblea de La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, en Baltimore (MD) ayudó a empaquetar 30.246 comidas para Helping Hands enviados a un almacén de CRS en Burkina Faso. Foto por Jim Burger para CRS.

• Los voluntarios ven dos videos cortos que los introduce al programa y describen el proceso de empaque. (Si está disponible, un presentador de CRS asistirá e inaugurará el evento.)

• El proceso de empaque de comidas tarda aproximadamente dos horas, sin considerar el tiempo dedicado a la organización y limpieza.

• Se hace sonar una campanada cuando se alcanzan hitos en relación a la meta de comidas de su equipo.

• CRS y Stop Hunger Now alientan a los anfitriones a recolectar alimentos, ropa, y artículos personales para donar a los bancos de alimentos locales o albergues comunitarios el día del evento.

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Únete a la batalla contra el sida

El Día Mundial del sida no termina el 2 de diciembre, es una campaña que continúa todo el año, y tú puedes hacer la diferencia.

Participa

  • Informa a tu comunidad acerca de la situación global del VIH y el sida. Aquí hay información. Compartela en escuelas, después de la misa o en la casa, para que las personas se enteren de cómo la Iglesia Católica responde a la pandemia global y cómo pueden ayudar.
  • Aprende más acerca del VIH. Contacta al departamento de salud de tu estado o visita la página de internet de los Centros para el Control de Enfermedades.

    Lety Francisca Ramírez, de 22 años y con VIH, sostiene a sus hijos en su hogar en Guatemala. Los promotores de Gente Unida, socios de CRS, visitan los hogares de otros pacientes con VIH como Lety, para responder sus preguntas, examinar su estado de salud, distribuir alimentos y asegurarse que toman regularmente las drogas anti-retrovirales. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

    Lety Francisca Ramírez, de 22 años y con VIH, sostiene a sus hijos en su hogar en Guatemala. Los promotores de Gente Unida, socios de CRS, visitan los hogares de otros pacientes con VIH como Lety, para responder sus preguntas, examinar su estado de salud, distribuir alimentos y asegurarse que toman regularmente las drogas anti-retrovirales. Foto de Sara A. Fajardo/CRS

Material para oración

Información útil

Varias de las páginas de internet citadas en esta página son de fuentes externas. Todos los derechos reservados pertenecen a las organizaciones/individuos que han publicado el contenido en dichas páginas. Los programas de CRS para responder al VIH y al sida se guían por las directrices de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por su sigla en inglés).

Las páginas de internet citadas aquí proceden de varias fuentes y no necesariamente coinciden con las regulaciones de la USCCB. La inclusión de esos recursos en esta página no implica un apoyo de parte de CRS a estos programas.

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La Copa Mundial y una cabra

Por Padre David García

Mientras miles de personas se amontonaban en Sudáfrica para ver la Copa Mundial y hacer sonar las odiosas vuvuzelas, tuve la suerte de viajar por otra parte del continente visitando proyectos de desarrollo entre algunas de las personas más pobres del mundo.

Formaba parte de un grupo de dirigentes religiosos hispanos de EE. UU. en un viaje de inmersión en África Occidental, en cooperación con Catholic Relief Services (CRS), la agencia oficial de la comunidad católica en EE.UU. para ayuda humanitaria internacional. CRS trabaja en más de 100 países, que incluyen Ghana y Burkina Faso en África Occidental, la zona que visitamos.

El padre David Garcia durante su reciente viaje a Burkina Faso y Ghana. Foto de Lane Hartill/CRS

El padre David Garcia durante su reciente viaje a Burkina Faso y Ghana. Foto de Lane Hartill/CRS

Supe que la entrada básica a uno de los partidos del mundial costaba más de 300 dólares. Con tres de esas entradas se podría pagar una casa nueva que vi construir en África Occidental para víctimas de unas inundaciones. El precio de una comida en un restaurante medio durante el Mundial permitiría a una mujer que conocí en Burkina Faso iniciar pequeños negocios como la producción de mantequilla de maní o cerveza de mijo con los que podría pagar la escuela para sus hijos. Con lo que cuesta una vuvuzela se podrían comprar semillas de mejor calidad que permitirían a un pequeño agricultor de Ghana aumentar su cosecha en un 200% y así asegurar el alimento de su familia.

Los proyectos que visitamos estaban en manos de residentes que trabajaban con la ayuda de CRS y otros socios. Esta ayuda no era solo una donación sino un apoyo crítico que les permitirá dar sus propios pasos hacia el desarrollo y la autosuficiencia.

Visitamos proyectos para microcréditos, atención sanitaria, agua, huérfanos y mujeres víctimas de abuso y maltrato. Resultaba triste ver situaciones tan duras, pero, ver a la vez la ayuda que ofrecen los proyectos, era esperanzador.

La gratitud con la que nos recibieron fue realmente conmovedora. Uno de los jefes de una aldea, llegó hasta regalarme una cabra como muestra de su gratitud. Tranquilos, no comí cabrito aquella noche, pero puede que las enfermeras de la clínica local que se quedaron con él lo hicieran.

Mientras el mayor acontecimiento deportivo del mundo tenía lugar en aquel continente, yo estaba viviendo un momento realmente conmovedor, incluso espiritual, conociendo a hermanos y hermanas desventajados pero maravillosos. Son iguales a nosotros de tantas formas. Desean un trabajo que les permita dar casa y comida a su familia. Quieren tener acceso a agua potable. Aspiran a una buena atención médica y educación para sus hijos. Quieren un hogar digno donde puedan vivir seguros.

No es mi intención hacer que nadie que fuera a la Copa Mundial se sienta culpable –las vacaciones, los acontecimientos deportivos y la diversión son partes importantes de la vida. Lo que sí quiero proponer es que dejemos espacio en nuestra vida para esos mil millones de hermanos y hermanas que viven con un dólar al día.

Podemos rezar por ellos, llevarlos en nuestro corazón, ser conscientes de que nuestras decisiones pueden ayudar más a otros, contribuir en la medida de lo posible a organizaciones internacionales y abogar por políticas gubernamentales que ayuden a los países pobres.

África me ayudó a comprender una vez más que somos todos una gran familia y por eso, lo que le afecta a uno de sus miembros, nos afecta a todos.

El padre David García es asesor principal de acercamiento con el clero para Catholic Relief Services (CRS), su oficina está en San Antonio, Texas.

Reproducción cortesía de www.mysanantonio.com.