Seis preguntas sobre ayuda exterior de Estados Unidos

Mientras que el Presidente y el Congreso consideran el presupuesto de los Estados Unidos, esta consideración incluye los posibles recortes a la ayuda externa, consideramos que este es un buen momento para revisar algunas de las preguntas algunas personas nos han hecho sobre el presupuesto.

1.            ¿Qué tan grande es el presupuesto de ayuda exterior de Estados Unidos?

Aunque las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses piensan que la cifra es mucho mayor, el gasto de ayuda exterior de Estados Unidos es poco más del uno por ciento del presupuesto federal total. Y más de un tercio de este gasto se destina a la seguridad, desde la ayuda militar directa – Afganistán e Israel reciben la mayor cantidad de dinero – a la lucha contra las drogas, medidas antiterroristas y muchos otros programas similares. Los fondos dedicados a la ayuda centrada en la pobreza son un poco más del 0.6 por ciento del presupuesto federal.

2.            ¿Cómo se compara Estados Unidos con otros países?

Estados Unidos tiene un presupuesto de ayuda exterior más grande que cualquier otro país, sin embargo, está muy por debajo de la lista cuando se clasifica por el porcentaje del ingreso nacional bruto (INB). Suecia lidera esa lista con un presupuesto de ayuda exterior de 1.41 por ciento del INB, seguido por los Emiratos Árabes Unidos, Noruega, Luxemburgo, Dinamarca, los Países Bajos y el Reino Unido. Esos son los únicos países que superan la recomendación de las Naciones Unidas de un 0.7 por ciento del INB dedicado a la ayuda extranjera por las naciones más ricas del mundo. Estados Unidos presupuesta menos del 0.2 por ciento del INB a la ayuda exterior.

3.            ¿Es una buena inversión la ayuda exterior?

La mayoría piensa que la ayuda exterior, si se administra adecuadamente, da un gran rendimiento sobre una pequeña cantidad de dinero gastado. Por un lado, existe la buena voluntad generada cuando Estados Unidos viene para ayudar a los necesitados. Estos países se convierten en nuestros socios comerciales y clientes. Muchas de las economías de más rápido crecimiento se encuentran en África, donde la ayuda exterior ha tenido un enorme impacto en la construcción de las piedras angulares del desarrollo económico – educación, salud, nutrición y buen gobierno. Robert Gates, que se desempeñó como Secretario de Defensa bajo los presidentes George W. Bush y Barack Obama, dijo que cualquier recorte de la ayuda exterior pone en peligro la seguridad de Estados Unidos, creando un vacío en los estados frágiles que pueden ser explotados por los enemigos de nuestra nación, llevando a la necesidad de una intervención militar mucho más costosa – en dinero y vidas. Como dijo Condoleeza Rice, la Secretaria de Estado del presidente Bush, “Para los Estados Unidos, apoyar el desarrollo internacional es algo más que una expresión de nuestra compasión. Es una inversión esencial en el orden internacional libre, próspero y pacífico que sirve fundamentalmente a nuestro interés nacional”.

4.            ¿La ayuda exterior está respaldada sólo por liberales?

No, tradicionalmente la ayuda exterior estadounidense ha tenido un amplio apoyo bipartidista por razones tanto altruistas como económicas. La ayuda exterior moderna comenzó en la estela de la Segunda Guerra Mundial mientras que Europa se encontraba en ruinas. Aprendiendo de las lecciones de la era posterior a la Primera Guerra Mundial –cuando una Alemania económicamente desesperada dio lugar al totalitarismo – Estados Unidos inició un programa para reconstruir Europa y otros países afectados por la guerra. Había un entendimiento de que nuestra economía se beneficiaría de una Europa próspera, y así lo hizo. Muchos grupos privados, como CRS – que fue fundada en 1943 para ayudar a los refugiados de la guerra – participaron principalmente al continuar ayudando a los desplazados por la guerra.

Uno de los programas de ayuda alimentaria básicos de Estados Unidos tiene el nombre de sus dos patrocinadores del Senado – el demócrata George McGovern y el republicano Bob Dole (ambos nominados de sus partidos para la presidencia). El republicano George W. Bush inició uno de los programas de ayuda exterior más ambiciosos de Estados Unidos, el Plan presidencial de emergencia para la disminución del sida (PEPFAR, por su sigla en inglés), que hasta la fecha ha gastado más de 50 mil millones para combatir el VIH, el sida y enfermedades relacionadas. PEPFAR fue renovado bajo el presidente demócrata Barack Obama.

5.            ¿Acaso algo de nuestra ayuda exterior se destina a países que nos odian?

Entre los diez primeros receptores de la ayuda estadounidense están países como Jordania, que es un aliado importante en el Medio Oriente; Etiopía, un aliado importante en el cuerno de África; así como Kenia, Tanzania, Zambia y Uganda, todos aliados en una amplia gama de asuntos, incluyendo la batalla contra el extremismo y la violencia. A lo largo de las décadas, estos recursos han ayudado a muchos de estos países a convertirse en miembros de pleno derecho de la economía mundial.

Veamos a Nigeria, la nación más poblada de África y, de alguna manera, su economía más importante. Su estabilidad económica, política y social y su crecimiento son muy importantes no sólo para sus ciudadanos, sino para todo el continente, incluso para el mundo. Nigeria recibió 600 millones de dólares en ayuda de Estados Unidos en el último año fiscal. Gran parte de eso se destinó para extender la electricidad a partes del país que carecen de ella. Como aprendimos en nuestro país hace casi un siglo, tener una fuente de energía que funcione es fundamental para conectar a la población rural con el resto de la economía. Piensen en un niño que intenta estudiar en su casa sin luces; es mucho más difícil que cuando se puede girar un interruptor, sentarse y repasar su tarea.

Nigeria ha sido el sitio de algunos de los ataques más atroces del grupo extremista Boko Haram. La pobreza, el analfabetismo y las cuestiones de gobierno son los impulsores de la oportunidad para grupos como Boko Haram. Es muy costoso arreglar problemas como eso militarmente; es mucho más barato y más eficaz luchar contra ellos con ayuda que trabaja para evitar que este tipo de situaciones sucedan en primer lugar.

Incluso si analizan países más problemáticos – como Pakistán, donde claramente a muchos no les gusta Estados Unidos, o Sudán del Sur que está en medio de una horrible guerra civil – la ayuda tiene dos propósitos críticos. Primero, salva a la gente inocente de la muerte, de la destitución o de la desesperación. Segundo, fortalece la capacidad de los grupos y líderes locales que pueden desempeñar un papel en el futuro de su país. Sabemos por nuestro trabajo en el sitio que la gran mayoría de las personas en estos países quieren vivir vidas positivas y productivas, para ellos y sus hijos. Necesitamos apoyar a esas personas, no alejarnos de ellas, abandonándolas a los extremistas y la violencia.

6.            Los evangelios establecen claramente que la caridad es una responsabilidad de cada persona. Sin embargo, ¿también es así con los países?

La doctrina católica es clara sobre la ayuda exterior: las naciones más ricas tienen la responsabilidad de ayudar a las naciones más pobres. Como decía el Papa Pablo VI en la encíclica Populorum Progessio de 1967, a causa de la “fraternidad humana y sobrenatural del hombre”, existe una obligación de “solidaridad mutua – la ayuda que las naciones ricas deben aportar a los países en vías de desarrollo”. El Santo Padre continuó diciendo que cada uno de nosotros debe examinar nuestra conciencia para ver, entre otras cosas, si estamos “dispuestos a pagar más impuestos para que los poderes públicos intensifiquen su esfuerzo para el desarrollo”. También declaró que “lo superfluo de los países ricos debe servir a los países pobres. La regla que antiguamente valía a favor de los más cercanos, debe aplicarse hoy a la totalidad de las necesidades del mundo”.

Esto se basó en la encíclica Mater et Magistra de 1961 del Papa Juan XXIII que decía: “La solidaridad social que hoy en día agrupa a todos los hombres en una única y sola familia impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica la obligación de no permanecer indiferentes ante los países cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre… Dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas”.

“Todos somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas”, declaró el Papa Juan. “[Por lo cual], es necesario despertar la conciencia de esta grave obligación en todos y en cada uno y de modo muy principal en los económicamente poderosos”.

El Papa Pablo VI enfatizó la importancia de las obligaciones de las naciones más ricas: “La cuestión es grave, ya que el porvenir de la civilización mundial depende de ello”

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