Isabel Halamandaris

Isabel Halamandaris

Isabel Halamandaris es asistente administrativa para las Operaciones en los Estados Unidos y los programas nacionales de Catholic Relief Services. Foto de Jim Stipe/CRS

Cuéntenos un poco acerca de usted.

Vivo en Severna Park, Maryland. Mis pasatiempos favoritos son leer, andar en bicicleta y hacerle mejoras al hogar con mi marido.

¿Qué la llevó a interesarse por este trabajo con los pobres?

No sabía nada acerca de Catholic Relief Services (CRS) hasta que vi un anuncio de trabajo en el periódico. Despertó mi interés y busqué información sobre esta organización. Basándome en lo que averigüé, decidí solicitar un empleo.

¿Qué podría contarnos acerca de su trabajo en Catholic Relief Services? Descríbanos un día típico de trabajo.

Dedico la mayor parte de mi tiempo al programa Becarios Globales (Global Fellows en inglés) de CRS —que invita a sacerdotes, diáconos y seminaristas estadounidenses, que visitan a personas que viven en la pobreza en otros países y regresan para contar sus historias en las parroquias alrededor de los Estados Unidos—. Ayudo al asesor del programa a organizar las charlas en las parroquias, enviar materiales y controlar el presupuesto. También trabajo con los programas de universidades (en inglés), juventud y las giras de presentadores.

¿Qué es lo que la transforma de ayudar a los beneficiarios de CRS?

Lo que me ha transformado la vida es estar más conectada con el mundo entero a través de CRS. Antes, tenía la sensación de que los pobres estaban allí, pero eran algo desconocido y no eran parte de mi vida cotidiana. Tuve la bendición de poder ver el trabajo de CRS en el mundo en desarrollo por mí misma cuando la agencia me mandó a Lesoto. Esta experiencia me cambió la vida para siempre.

¿Qué la motiva de Catholic Relief Services?

No hay muchos lugares donde podamos trabajar y sentir que de verdad estamos ayudando a los pobres directamente, ya sea con alimentos o con los medios para que ellos mismos se construyan una vida mejor. Este es un lugar bueno y amigable donde trabajar y donde todos compartimos un propósito. También creo que todos desempeñamos un papel importante y somos valorados por ello.

¿Se siente a veces sobrepasada por la emoción o por las dificultades que pueda llegar a encontrar en su trabajo? De ser así, ¿cómo hace para sobrellevar estos percances y seguir adelante con su trabajo?

Como con cualquier trabajo, sí, por supuesto, pero después me doy cuenta de que no estoy sola; todos pasamos por algo así en un momento u otro. Me consuela saber que tengo amigos confiables y fieles que también trabajan aquí. Esto es una gran bendición.

¿Cuál cree que es la mejor manera de ayudar para quienes no trabajan directamente con los beneficiarios de CRS?

Haciéndole saber a otros acerca del trabajo que hacemos. Recuerdo todo el tiempo que muchos católicos no saben que existe CRS. Por eso, colaborar con los sacerdotes y diáconos del programa Becarios Globales en sus programas de charlas para las parroquias me hace sentir que, en cierta medida, estoy haciendo algo por ayudarlos a llegar a los fieles.

¿Qué es lo más sorprendente que ha aprendido de nuestros beneficiarios? Descríbanos un momento que destaca como una experiencia transformadora durante sus años de trabajo para CRS.

Cuánto trabajan para obtener alimentos, agua y donde albergarse. Fue una bendición poder visitar Lesoto, donde conocí tanta gente maravillosa y encantadora. Y sobre todo, ver lo increíblemente felices que son. He comprendido lo afortunados que somos quienes vivimos en los Estados Unidos; sin embargo, muchos aquí no valoran lo que tenemos. Esto es algo que a menudo comparto con mi familia y amigos.

¿Qué cambios ha visto desde que inició su trabajo con CRS? ¿Cree que estamos avanzando?

La agencia ha crecido en los diez años que llevo aquí. Tan solo en la sección de Operaciones en los Estados Unidos, he visto nacer y desarrollarse oficinas regionales. Ha habido muchos avances tecnológicos.

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