Carlos Sánchez

Carlos Sánchez

Carlos Sánchez es el gerente de programas para la salud y el bienestar de la niñez. Foto de Lydia Dibos/CRS

Cuéntenos un poco acerca de usted.

Soy Carlos, nací en Colombia y me crié en los Estados Unidos. Vivo en los Estados Unidos desde que mis padres se mudaron a Philadelphia. Actualmente vivo en Mwanza, la segunda ciudad más grande de Tanzania, y trabajo como gerente de programas para la salud y el bienestar de la niñez, donde atendemos las necesidades inmediatas de más de 35.000 huérfanos y 14.000 personas infectadas con VIH y sida.

¿Qué lo llevó a interesarse por este trabajo con los pobres?

Desde pequeño reconocí que no todos tenemos las mismas oportunidades en la vida, por lo cual somos responsables de lo que le ocurre a nuestro prójimo. A nivel local, cualquiera puede ver estas diferencias entre nuestros barrios, pero como inmigrantes lo reconocemos. Cuando noté que tendría la oportunidad de asistir a la universidad, decidí que quería responder al llamado de una vocación que me ayudara a devolver algo a la comunidad.

¿Qué podría contarnos acerca de su trabajo en Catholic Relief Services? Descríbanos un día típico de trabajo.

Después de haber trabajado varios años en apoyo a los derechos de inquilinos y comunidades urbanas de inmigrantes, decidí que me gustaría tratar de aplicar lo que había aprendido localmente al trabajo de paz y desarrollo en el exterior.

Al comienzo de mi carrera con Catholic Relief Services (CRS) tuve la oportunidad de enfocar mi trabajo en el ámbito de atención humanitaria a los desplazados en Colombia. Siendo colombiano, me agradó mucho contribuir para aliviar la crisis que sufrían millones de personas desplazadas por el conflicto. Poco después, tuve la oportunidad de ingresar al equipo de justicia y solidaridad global para América Latina. A través de nuestro trabajo de desarrollo y paz tuve la oportunidad de ayudar a desarrollar y apoyar proyectos relacionados con los derechos de migrantes como con la protección de niños trabajadores en la región.

¿Qué es lo que lo transforma de ayudar a los beneficiarios de CRS?

Primero, ingresé al equipo de CRS con el propósito de atender a la crisis de mi país natal; pero luego pude trabajar en proyectos de toda la región. Actualmente apoyo a equipos de la Iglesia y laicos que atienden a la población afectada por el VIH y sida en Tanzania. A lo largo de todas estas experiencias he ampliado mi conocimiento de nuestra hermandad y tuve la oportunidad de entender la necesidad de promover el aprendizaje y entendimiento entre nuestras comunidades. Por ello, el trabajo de CRS no es solo un apoyo internacional a los necesitados, sino una labor que también aspira a enriquecer a la comunidad los Estados Unidos a través de la promoción de la solidaridad, que nos permite entender mejor nuestro mundo y ligar vínculos entre nuestras comunidades.

¿Qué lo motiva de Catholic Relief Services?

En estos últimos años todavía me motiva la gravedad de la variedad de crisis que afectan a nuestros hermanos y la capacidad y compromiso de nuestros socios que se dedican ha atenderlos.

¿Se siente a veces sobrepasado por la emoción o por las dificultades que pueda llegar a encontrar en su trabajo? De ser así, ¿cómo hace para sobrellevar estos percances y seguir adelante con su trabajo?

Sí, a veces me siento abrumado por la dificultades del trabajo, pero lo que me ayuda seguir adelante es reconocer que tanto CRS como nuestros socios hacemos un gran esfuerzo por atender a los más necesitados y vulnerables. Aunque el trabajo pareciera asemejarse a intentar mover una montaña de pobreza, en muchas instancias el apoyo que ofrecido ha dado vida y esperanza a miles y millones de personas.

¿Cuál cree que es la mejor manera de ayudar para quienes no trabajan directamente con los beneficiarios de CRS?

Aunque no todas las personas puedan trabajar directamente con el alivio a los pobres, todos tenemos el deber de tratar de entender la situación que sufren y tomar decisiones cotidianas que afectan a nuestra economía y ambiente global. La forma en que votamos o en que decidimos gastar e invertir nuestros recursos puede agudizar o aliviar el sufrimiento y la desigualdad que se vive en nuestro mundo. Además, uno puede empezar a ayudar sin necesidad de brindar apoyo financiero cuando se pregunta sobre las razones de la pobreza y los padecimientos mundiales. Enseguida, tras entender eso, uno se impulsa y comienza a moverse desde una solución temporal a una duradera.

¿Qué es lo más sorprendente que ha aprendido de nuestros beneficiarios? Descríbanos un momento que destaca como una experiencia transformadora durante sus años de trabajo para CRS.

Aún la persona más pobre en términos materiales puede ser la más rica en bondad y capacidad de darse de corazón y tiempo para aliviar a su vecino.

¿Qué cambios ha visto desde que inició su trabajo con CRS? ¿Cree que estamos avanzando?

Creo que CRS es una de las organizaciones no gubernamentales que más apoya al avance del combate contra la pobreza. Nuestra dedicación al trabajo con la Iglesia y la sociedad civil demuestra que nuestros esfuerzos están focalizados en la creación de la capacidad local así como en el alivio y apoyo inmediato. A raíz de este modelo de trabajo, CRS y sus asociados valoramos los insumos que ayudan a entender mejor las raíces de los desafíos que se aparecen y a elaborar respuestas sensibles a las circunstancias locales. Ello brinda la oportunidad de verdaderamente proveer soluciones duraderas y sustentables.