Visita a Guatemala aumenta la ‘familia’ de un adolescente

Por Augusto Gebel

El viaje como joven embajador a Guatemala ha sido la experiencia más notable que he tenido en mi vida. Comienzo describiendo el maravilloso grupo con el que viajé. Éramos ocho, y nos relacionamos tan estrechamente durante la semana que duró el viaje que me parece como si nos conociéramos de toda la vida; ocho extraños que nos convertimos en amigos cercanos y terminamos siendo una pequeña familia. Poco sabíamos que esta familia se ampliaría aun más con las personas de corazón abierto que conoceríamos en Guatemala.

Augusto Gebel Escuela Secundaria La Inmaculada New Jersey embajador Guatemala

Augusto Gebel (segundo desde la izq.) es estudiante de último año en la Escuela Secundaria La Inmaculada, de la diócesis de Metuchen, New Jersey. Foto cortesía de Augusto Gebel

Al llegar a la ciudad de Guatemala, el grupo estaba emocionado por entrar a este nuevo mundo, sin saber lo que nos deparaba este lugar tan diferente a aquel de donde acabábamos de partir. Visitamos las oficinas nacionales de Catholic Relief Services (CRS) para colectar información acerca del hermoso país en el que íbamos a pasar una semana, después de lo cual salimos hacia nuestra aventura en la zona rural de Chiquimulilla. Notamos un dramático contraste entre la ciudad que dejamos atrás, con sus altos edificios y el mar de verdes que empezábamos a ver. Los campos rebosantes de verdor inspiraban reverencia, con sus montañas y volcanes en la distancia.

Recibidos como familia

Al entrar al pueblo observamos las chozas, con sus techos de zinc y las puertas abiertas que nos permitían observar el interior de las viviendas. Nadie parecía avergonzado de lo poco que tenían. ¡La gente de Guatemala es tan acogedora y generosa! En las aldeas y parroquias que visitamos nos dimos cuenta de que su gentileza no tiene limites. No éramos nadie especial y, sin embargo, en cada aldea que visitamos los niños se acercaban a saludarnos y los adultos nos abrazaban. Nos recibían como si fuéramos familiares que volvían de un largo viaje, lo que nos hizo más difícil el momento de la partida.

Lea sobre cómo esta visita impactó a un muchacho guatemalteco.

Visitamos una aldea con una gran torre de agua recientemente construida con donaciones de los Estados Unidos. Me di cuenta de que el agua potable era una necesidad muy importante para los guatemaltecos ya que en cada aldea que visitamos había pozos localizados en el centro del poblado. Se ve a los aldeanos usar esta agua para beber, limpiar o bañarse. No disponen de agua corriente en los hogares. Parece que, pese a la pobreza en que viven, siempre hay esperanza en sus ojos, y el amor y la fe que comparten los sostienen cada día.

Lo que realmente importa

Otro lugar importante que visitamos fue un centro de rehabilitación para personas con discapacidades mentales, dirigido por el padre Manuel. Es un pequeño centro que parece un tranquilo refugio para sus ocupantes. Aloja un consultorio dental, clínica, cafetería, farmacia y sala de rehabilitación. Es uno de los memorables sitios que visité y que me motivan a regresar a ofrecer mis servicios como voluntario.

La mayor parte del tiempo que pasamos en Guatemala fue dedicado a la juventud. Enseñamos inglés en una pequeña escuela del pueblito de San Antonito. Tuvimos algunas pequeñas fiestas a las cuales llevamos piñatas y jugamos fútbol (perdimos el partido terriblemente) con los niños. Comencé a notar algo que nunca encontraría en los Estados Unidos: si un extraño comienza a regalar caramelos en nuestro vecindario la gente sospecharía y enseguida llamaría a la policía. La confianza mutua que compartimos con la gente de Guatemala es algo que aprecio.

Una cosa que aprendí al regresar de este viaje fue estar contento con lo que tengo. No necesito ese nuevo iPod que sale al mercado cada mes o el nuevo teléfono celular que promocionan cada semana. Abrí los ojos a lo que debo hacer, ayudar a los menos afortunados. A una muchacha que conocí en Guatemala le preguntaron qué cambiaría si tuviera la oportunidad, y contestó: “La pobreza”. Fue una respuesta extraordinaria, que resuena en mi mente cada día. Fue un viaje tan memorable que, si tuviera la oportunidad, saltaría en el próximo avión para repetirlo.

Augusto Gebel es estudiante de último año en la Escuela Secundaria La Inmaculada, de la diócesis de Metuchen, New Jersey.

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