Empleos seguros para las jóvenes vulnerables de Moldavia

Por Laura Sheahen

Una participante del programa Empleos y más de CRS ahora trabaja en un banco.

Una participante del programa Empleos y más de CRS ahora trabaja en un banco. Foto del personal de CRS.

“Estas jóvenes pensaban que no eran nadie”.

Elena Rososhenko habla rápidamente mientras se desplaza alrededor de su oficina en Balti, una ciudad en la antigua república soviética de Moldavia. Se refiere a las jóvenes que se acercan a la oficina buscando empleo, un bien escaso en un país donde el desempleo es desenfrenado y muchos adultos tienen que emigrar para conseguir trabajo.

Cuando las jóvenes se acercan por primera vez al centro de Elena, tienen pocas habilidades y aun menos confianza en sí mismas. “No confían en que realmente conseguirán un empleo”, indicó.

Mientras Elena corre de aquí para allá respondiendo llamadas, brindando referencias a los empleadores e indicando a las mujeres cómo encontrar el aula de computación, queda claro que hay demanda. Elena es gerente en Pro-Business Nord, un socio de Catholic Relief Services que ayuda a moldavas vulnerables a aprender nuevas destrezas y a conseguir empleos. Las mujeres que completan sus breves programas de capacitación encuentran trabajo en lugares como bancos, tiendas de comestibles y talleres de costura.

Una generación en riesgo



El desempleo causa sufrimiento y pobreza en todo el mundo, pero lo que está en juego en Moldavia es mucho más. La economía del diminuto país colapsó con la Unión Soviética y hace más de una década que miles de moldavos abandonan su patria —el país más pobre de Europa— para buscar empleo en el exterior. Aunque muchos encuentran empleos seguros, otros se vuelven víctimas de los traficantes de personas —delincuentes que obligan a quienes están desesperados por un empleo a incorporarse al trabajo rural no remunerado, la mendicidad o la prostitución—.

Las jóvenes al final de la adolescencia están en una situación de riesgo especial. Muchas de las que piensan en irse del país para encontrar trabajo “no tienen ideas concretas”, expresó Elena. “Se dicen a sí mismas: ‘Podría ir a Moscú’”.

Cuando tenía 17 años, Marina Svarciuc no tenía claro cuál sería el rumbo que tomaría su vida. Vivía en Balti, había ido a escuela secundaria, pero no tenía forma de ganar dinero. Como tantas otras, decidió ir a Moscú, donde consiguió un empleo repintando estatuas al aire libre. Aunque su padre —que también estaba en Moscú—, la ayudó, la vida de inmigrante en Rusia era difícil. “Allí no eres nadie”, dijo Marina. Puesto que los empleadores en el exterior saben que los moldavos están desesperados por conseguir trabajo, “dicen: ‘Trabajarás como nosotros digamos’”.

Mantener juntos a madres e hijos



Marina Svarciuc, una beneficiaria del programa Empleos y más de CRS, despacha productos gourmet en una tienda de alimentos.

Marina Svarciuc, una beneficiaria del programa Empleos y más de CRS, despacha productos gourmet en una tienda de alimentos. Planea esforzarse para ascender hasta la gerencia. Foto del personal de CRS.

Marina se casó y tuvo mellizos, un niño y una niña. Volvió a Moldavia, pero cuando su joven esposo murió de pulmonía, no tenía forma de mantener a sus hijos.

Entonces Marina se enteró del programa Empleos y más (Jobs Plus, en inglés) de CRS. Los maestros le enseñaron a trabajar con clientes, manejar dinero y usar una caja registradora.

Empleos y más también les enseña a las mujeres a planificar el presupuesto del hogar, establecer prioridades y tener ahorros. Después de una pasantía paga, Empleos y más le garantizó a Marina un empleo con uno de los socios del proyecto, que son empleadores con conciencia social que se han unido a CRS para fortalecer las comunidades.

Marina trabajó como cajera y en el mostrador de productos gourmet de una tienda de alimentos llamada Fourchette.hora, con 23 años, quiere trabajar para ascender: “Planeo hacer lo que sea necesario para llegar al nivel gerencial”, dijo, incluso estudiar administración de empresas y economía.

“Sin este programa, probablemente no tendría un empleo legítimo”, agregó Marina. “Probablemente estaría trabajando en un mercado al aire libre, tal vez en Moldavia o tal vez en Moscú”.

El empleo no solo mantiene financieramente a la familia, hace posible que Marina y sus hijos, que ahora tienen tres años y medio, puedan permanecer juntos. Si se hubiera vuelto a ir al exterior, dijo, “no hubiera visto mucho a mis hijos. Tal vez ellos no recordarían el rostro de su madre”.

Quedarse con sus hijos fue uno de los motivos por los que Olessa Rozovel, de 31 años y madre de tres, se unió a Empleos y más. Olessa vivía en Tirgul Vertiuieni, un pueblo rural, y tenía que arreglárselas con un esposo alcohólico y abusivo.

El esposo la golpeaba tanto que una vez se lanzó del segundo piso de la casa para escapar. Finalmente se divorciaron, pero eso significó que se terminó el pequeño ingreso que él traía de su trabajo en el exterior, en la construcción.

En los pueblos moldavos más pequeños, las madres solteras y los ancianos deben luchar para poder sobrevivir. No hay empleos y si bien sus pequeñas huertas les permiten alimentarse, pueden proporcionar poco dinero. Los pobladores deben pagarse la ropa, los alimentos, la electricidad, el forraje para los animales y los útiles escolares, así como la madera para la calefacción durante el invierno; la madera necesaria para un mes puede costar hasta 40 dólares en un país donde la subvención mensual del seguro social tal vez no supere los 65 dólares.

Empleos y más ayudó a Olessa Rozovel a conseguir un trabajo como costurera que le ha permitido quedarse en Moldavia con sus hijos.

Empleos y más ayudó a Olessa Rozovel a conseguir un trabajo como costurera que le ha permitido quedarse en Moldavia con sus hijos. “Aprendí que puedo hacer cosas por mí misma”, dijo. Foto de Laura Sheahen/CRS.

Enfrentada a esas cuentas por pagar, a Olessa le parecía que era inevitable irse a trabajar al exterior. Como muchas otras madres, sentía que tenía que dejar a sus hijos con familiares. Algunos padres también dejan a sus hijos en lúgubres internados estatales para poder ir a ganarse la vida. “Mi único pensamiento era que debía irme al exterior, a Moscú, y dejar a mis hijos, para darles una vida mejor”, dijo Olessa. “Lo más duro era pensar en dejar a mi hija bebé”.

Una nueva imagen de sí mismas



Entonces Olessa se enteró del programa Empleos y más de CRS. Decidió ir a una reunión en la que algunas participantes hablaban de los desafíos que enfrentaban. “Ni bien entré en la pieza y escuché a la gente que hablaba de sus problemas familiares, empecé a llorar”, expresó. Aprendió más sobre el programa y la capacitación que ofrecía. “Entonces fue como un relámpago —fue como si se activara un interruptor en mi mente—. Podía hacer algo por mí misma. Ni mi marido, ni mi madre. Yo”.

Olessa aprendió a ser costurera y ahora trabaja en un pequeño taller de costura que se instaló en su pueblo hace poco. CRS trabaja con empleadores comprometidos con los derechos humanos y el bienestar de las personas que contratan. Así que el taller de costura tiene buena luz y calefacción en invierno y tiene los únicos inodoros con cisterna del pueblo.

El empleo significa que Olessa se puede quedar en el pueblo con sus hijos. “Estoy construyendo mi propia vida”, dijo.

En los últimos cuatro años, CRS Moldavia ha creado 800 empleos para mujeres vulnerables como Marina y Olessa. “Nuestro plan para los próximos tres años es crear 2.000 más”, dijo Britton Buckner de CRS Moldavia. Con financiación y apoyo de la Fundación Argidius —el brazo filantrópico del COFRA Group, una corporación internacional— Empleos y más ayuda a miles de moldavas a mantener a sus familias y permanecer con ellas.

Los beneficios financieros son claros; los cambios interiores son menos tangibles.

“Al comienzo es difícil convencer a las mujeres que se arriesguen a esto”, dijo Aliona Manole, que coordinó un programa Empleos y más en la ciudad moldava de Floreshti y sus alrededores. Pero cuando las mujeres se atreven a probarlo, “cambian mucho, en lo exterior y en lo interior”, dijo Elena.

“Al principio, algunas ni siquiera se sonreían. Pero algo cambió en su interior. Algunas hasta dejaron de fumar”, porque sabían que a sus empleadores no les gustaba, sostuvo Elena.

Marina hace eco de las palabras de muchas beneficiarias de Empleos y más: “Soy la dueña de mi vida, tengo control”. Gracias a Empleos y más, mujeres que creían que no tenían mucho para ofrecer ahora saben que son valiosas. Han aprendido que son personas inteligentes, competentes y que pueden cuidar de sí mismas. Son.

Laura Sheahen es asociada regional de comunicaciones en la región de Europa y Medio Oriente para Catholic Relief Services, su oficina está en El Cairo, Egipto.

Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.