Campamento en Haití: alimentar a multitudes requiere un plan

Por Lane Hartill

Muchas personas alrededor del mundo se están haciendo la misma pregunta acerca de Haití: ¿por qué demoran tanto en repartir los alimentos?

Si uno pasa una mañana en el campo de golf de Petionville, lo sabrá.

Lo que era el lujoso club campestre de Puerto Príncipe es ahora el hogar de unos 50.000 haitianos desplazados. El campamento ya está tomando aspecto de comunidad: en un sector se puede recargar el celular, llamar a Europa desde una cabina telefónica, comprar verduras, cortarse el cabello. Hasta están apareciendo letreros de cartón en algunos senderos cubiertos de basura. Está tan atiborrado que para llegar a algunas de las carpas hay que caminar de costado.

Un voluntario lleva un saco de 45 kilos de lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS).

Un voluntario lleva un saco de 45 kilos de lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS). Foto de Lane Hartill/CRS.

Detrás de las sábanas floreadas que sirven de paredes se ven sombras que se mueven, se oyen niños llorar y se huele el akra —tortillas de harina y especies que les encantan a los haitianos— que fríen en aceite caliente. El sol parece estar más cerca aquí, y la mayoría de la gente está sentada en la sombra, abanicándose, pensando cómo hacer para arreglárselas otro día más.

La mayoría de las personas evita mirar hacia una de las colinas del campamento. Es donde algunos haitianos se bañan en ropa interior, buscando un poco de privacidad detrás de unos árboles pelados.

Una voluntaria de CRS distribuye boletos por todo el campamento para desplazados de Petionville, donde CRS responde a las necesidades de los sobrevivientes del terremoto.

Una voluntaria de CRS distribuye boletos por todo el campamento para desplazados de Petionville, donde CRS responde a las necesidades de los sobrevivientes del terremoto. Las familias podrán canjear las boletos por bulgar, aceite vegetal y lentejas como para unas dos semanas. Foto de Lane Hartill/CRS.

Pero cuando los experimentados trabajadores de Catholic Relief Services (CRS) van al campamento, ven problemas y soluciones. Uno de los problemas más apremiantes es que decenas de miles de personas viven en refugios hechos con sábanas sostenidas por palos. En un país que ha sido despojado de árboles, la madera es un artículo de gran valor. Los moradores han usado machetes para cortar ramas de los árboles al costado de las calles del campo de golf. Solo han quedado los troncos raídos. Las calles del campo de golf van quedando calvas, y el pasto seco y amarillento es pisoteado a diario, transformándose en polvo.

Cuando comience la estación de las lluvias a fines de marzo, el lugar parecerá la versión haitiana de Woodstock: miles de personas viviendo en el lodo. Y eso preocupa a muchos.

CRS ya ha encargado láminas plásticas para mejorar los refugios de miles de personas. Hay planes para empezar programas de dinero por trabajo. Los haitianos que perdieron sus hogares empezarán a limpiar los escombros de sus barrios antiguos, para poder instalar refugios temporales más duraderos.

Una voluntaria llena latas con lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS).

Una voluntaria llena latas con lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS). CRS está llevando más de 90 toneladas de alimentos tales como lentejas, bulgar y aceite vegetal para distribuirlos entre los más de 50.000 haitianos desplazados que viven en el campo de golf de Petionville. Foto de Lane Hartill/CRS.

La necesidad apremiante es de alimentos. Se llevarán cerca de 200 toneladas de alimentos al Petionville Club, y se almacenarán en las canchas de tenis. Estos alimentos, enviados por el gobierno de los Estados Unidos, vienen en sacos de 45 kilos. Se descargan de los camiones de 10 toneladas y los haitianos llevan un saco en la cabeza. Luego, voluntarios sentados en el suelo dividen la comida: miden raciones para cada familia. Entonces se vuelve empaquetar para la distribución.

Sin embargo es difícil hacerles llegar los alimentos a toda la gente del campamento.

Hace pocos días, cuando CRS distribuyó más de 1.000 paquetes de comida en el campo de golf, miles de haitianos se agolparon al lugar y presionaron contra el área acordonada, ansiosos por alimentos. Gracias a voluntarios haitianos, al personal de CRS y a la unidad Aerotransportada 82 del Ejército de los Estados Unidos se mantuvo el orden, pero la frustración era palpable. Tanta gente hambrienta pudo haberse descontrolado. CRS sabe, por años de experiencia, que no se puede traer un camión lleno de alimentos y abrir las puertas. Para mantener la seguridad tiene que haber un sistema.

Por ese motivo, un grupo de empleados y voluntarios de CRS y Cáritas se han desplegado por todo el campamento. Algunos llevan pintura en aerosol y otros sostienen unos 100 metros de cuerda azul. Un grupo de voluntarios rodea un conjunto de carpas improvisadas con la cuerda. Cada refugio de ese conjunto recibirá un boleto. Luego se pintará una X en el refugio.

Con tantos refugios, tan apretados, los voluntarios quieren asegurarse de que llegan a todos.

Después el equipo va de carpa en carpa, corre las cortinas y pregunta quién es la cabeza de la familia: le da un cupón para alimentos como aceite vegetal, lentejas y bulgar como para dos semanas.

Es un sistema rudimentario, pero funciona.

Y en este momento, eso es lo más importante: encontrar algo que funcione.

Cómo ayudar


Lane Hartill, asociado regional de comunicaciones, envió este informe desde Puerto Príncipe, Haití.

Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.