La crisis económica empeora situación de los hambrientos
noviembre del 2008
Presidente de CRS Ken Hackett
Estimados amigos:
Mientras los estadounidenses observamos el desarrollo de la crisis financiera, y nuestras inversiones y fondos para la jubilación se desvalorizan cada día que pasa, muchos experimentamos una abrumadora sensación de temor e impotencia.
Comenzamos a reevaluar nuestros planes, preguntándonos si hemos ahorrado lo suficiente para nuestra jubilación y el pago de la universidad de los hijos. En nuestros vecindarios y comunidades, observamos señales del desbarajuste económico. Gente recién desempleada. Letreros de subastas se levantan en los frentes de las viviendas reposeídas por los bancos. Los comedores comunitarios reportan que sus almacenes se vacían y que la demanda de servicios aumenta.
Son tiempos de gran incertidumbre y ansiedad. Pero imagínese cuan peor sería si no pudiéramos adquirir los alimentos básicos para nuestra familia. Si tuviéramos que decirles a nuestros hijos: “No hay cena esta noche, tal vez podremos comer algo mañana a la hora del desayuno”.
Sin embargo, algo así es la vida diaria para los trabajadores pobres en el África subsahariana. Las familias pobres en países como Burkina Faso gastan en comida un promedio de 75% de sus ingresos. Un saco de arroz en este país de África Occidental costaba $28 en enero pasado y ahora cuesta más de $50, superior al ingreso mensual de un jornalero. Y la crisis alimentaria global, combinada con la desaceleración económica mundial, empeorará las cosas aun más.
En medio de la actual turbulencia económica, la situación de los hambrientos atrae menos atención en los medios. Y con miles de millones de dólares dedicados a rescatar las gigantescas corporaciones, la asistencia extranjera dirigida a los pobres de seguro será objeto de recortes presupuestarios.
En Catholic Relief Services sentimos el estrés. El creciente costo de la comida y los combustibles, combinado con la devaluación del dólar, ha hecho nuestro trabajo más desafiante. Hemos retado la capacidad y la creatividad de nuestro personal para cortar estratégicamente en algunas áreas y estirar nuestro presupuesto hasta donde se pueda. Pero hay algo que nunca sacrificaremos, y es nuestra misión: servir a los más pobres y vulnerables en el extranjero.
Continuaremos haciendo lo que hemos hecho hasta ahora. Simplemente, tenemos que hacerlo con más sabiduría.
A lo largo de nuestros 65 años de historia, la gente de CRS ha respondido a los retos que se le han presentado. Y hemos aprendido a hacer las cosas mejor, con mayor eficiencia.
Hace 10 años afrontamos una tarea gigantesca al responder a la devastación causada por el huracán Mitch, que asoló Centroamérica con un saldo de 10.000 muertos, casas y cultivos arrasados. Las necesidades eran abrumadoras, y CRS fue una de las primeras agencias humanitarias en responder.
A raíz de esta tragedia refinamos la forma de responder a los desastres. Establecimos un enfoque con tres frentes. El primer paso es salvar vidas y responder a las necesidades inmediatas: suministrar alimentos, agua y alojamiento, así como otras necesidades básicas. Luego nos concentramos en el desarrollo. La segunda parte es ayudar a la gente a reconstruir sus medios de vida y regresar al trabajo normal. La participación de la comunidad en su propia recuperación se convierte en la tercera parte. Una vez que se ha alcanzado la reconstrucción, las organizaciones comunitarias se hacen cargo, preparando a los residentes para futuros desastres, de manera que tengan mayor posibilidad de recuperarse y sean los primeros en responder a su propia situación.
Estas fueron importantes lecciones que hemos asimilado y aplicado a emergencias subsiguientes, incluyendo el tsunami en el Océano Índico. Es esta clase de ideas, ingenio y destreza para adaptarse lo que nos ayudará a capear esta crisis económica y emerger como una agencia aun más fuerte y eficiente, mejor preparados para cumplir nuestra misión. Y esto lo haremos en alianza con la comunidad católica estadounidense, cuya continua generosidad necesitamos y apreciamos ahora más que nunca.
Gracias por su continuo apoyo y sus oraciones.
Ken Hackett
Presidente
